Como lo prometido es deuda, os traemos unas imágenes de la criaturilla que nos ha tenido abducidos los últimos meses. El parto ha sido duro pero ha valido la pena. Podéis verla en el vídeo de la cabecera de esta página.
Como habréis visto se llama aulaPlaneta y contiene un montón de recursos digitales para utilizar en el aula y en casa, entre otras muchas cosas.
En próximos posts os explicaremos más cosas de ella. De momento nos deja dormir, a ver qué tal cuando le salgan los dientes...
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jueves, 17 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
¿Cómo llenar una app con emociones?
Los libros descubrieron hace tiempo el camino al corazón del lector a través de buenas historias e ilustraciones. Cuando les añadimos interactividad obtenemos resultados espectaculares, como la app para iPad de Alicia, pero ¿estamos enriqueciendo realmente la obra o la estamos utilizando como excusa para crear otro tipo de entretenimiento?
Nuestros colegas de Infantil nos propusieron un reto: digitalizar un libro ilustrado que trata el difícil tema de la muerte de un ser querido (¿Dónde está Güelita Queta?).
Es un libro que cuesta leer sin emocionarse. Evidentemente necesitaba un tratamiento especial. No podíamos limitarnos a añadir comportamientos a los objetos (hacer clic en las ventanitas o en los pajaritos). Este es un tipo de interactividad parásita que se aprovecha de la historia para abrir su propio camino. Con la excusa de darle control al usuario se lo quita al autor.
Que la historia esté al servicio de la acción es apropiado para un videojuego, donde el usuario genera su historia. Pero es un desperdicio cuando existe un autor con algo valioso que contar. La ilustración está al servicio de la historia y la interactividad debe ponerse al servicio de los dos.
Es un interesante campo para investigar. En este caso, hemos buscado resaltar la poesía del libro añadiendo una dimensión temporal a cada doble página. Para ello se ha animado la presentación de algunos objetos de la ilustración original del autor, contando con el refuerzo de la locución y de la banda sonora.
¿Cómo saber si lo hemos conseguido? Si por casualidad os cayesen ambos formatos en las manos, decidnos si os habéis emocionado más en el papel o el iPad…
Saludos desde aquí a todos los participantes en el proyecto, especialmente a Mateu Costa-Pau, Carlos Yter y a Emfasi Comunicació Digital.
Nuestros colegas de Infantil nos propusieron un reto: digitalizar un libro ilustrado que trata el difícil tema de la muerte de un ser querido (¿Dónde está Güelita Queta?).
Es un libro que cuesta leer sin emocionarse. Evidentemente necesitaba un tratamiento especial. No podíamos limitarnos a añadir comportamientos a los objetos (hacer clic en las ventanitas o en los pajaritos). Este es un tipo de interactividad parásita que se aprovecha de la historia para abrir su propio camino. Con la excusa de darle control al usuario se lo quita al autor.
Que la historia esté al servicio de la acción es apropiado para un videojuego, donde el usuario genera su historia. Pero es un desperdicio cuando existe un autor con algo valioso que contar. La ilustración está al servicio de la historia y la interactividad debe ponerse al servicio de los dos.
Es un interesante campo para investigar. En este caso, hemos buscado resaltar la poesía del libro añadiendo una dimensión temporal a cada doble página. Para ello se ha animado la presentación de algunos objetos de la ilustración original del autor, contando con el refuerzo de la locución y de la banda sonora.
¿Cómo saber si lo hemos conseguido? Si por casualidad os cayesen ambos formatos en las manos, decidnos si os habéis emocionado más en el papel o el iPad…
Saludos desde aquí a todos los participantes en el proyecto, especialmente a Mateu Costa-Pau, Carlos Yter y a Emfasi Comunicació Digital.
viernes, 13 de agosto de 2010
Leer o no leer, esa es la cuestión
Llevaba un tiempo retirado de la vida bloguera y con la total seguridad de que nadie me habrá echado de menos durante este lapso de tiempo, me dispongo a romper el silencio antes de coger unas semanas de vacaciones. Viene bien de vez en cuando guardar silencio, especialmente cuando no se tiene nada que decir. Sienta bien tomar perspectiva para evitar dejar de mirarte el ombligo tan a menudo. Ya lo comentó el compañero Ricard en un post de hace algún tiempo: “La edición electrónica corre el riesgo de tener más sacerdotes que feligreses.” Creo que así está sucediendo. Se está convirtiendo en una especie de pasatiempos para todos los que nos movemos, de una forma u otra, en el mundillo de la edición. Nos pasamos los días entre dimes y diretes jugando a tirios y troyanos. Criticamos, criticamos y criticamos, pero casi nunca damos un paso para intentar construir algo positivo y duradero. Algo que enganche a las nuevas generaciones de lectores a leer y, sobre todo, a pagar por el placer de leer en los nuevos formatos de lectura. Si no actuamos pronto desapareceremos entre la “cultura” de lo gratuito y la dichosa piratería.
Tal y como pone de manifiesto el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros publicado por la Federación de Gremios de Editores de España, los jóvenes no leen precisamente poco. El problema es qué, dónde y cómo leen. Según el mencionado informe el 97,3% de los jóvenes entre 14 y 24 años lee habitualmente y, de ese porcentaje, el 81,2% lee en formato digital. ¡Qué pasada!, ¿no? Pues aclaremos el concepto leer porque no es precisamente lo que mis improbables lectores se estarán imaginando. Estos datos incluyen, aparte de la lectura que podríamos denominar convencional, la lectura en formato digital de webs, blogs, foros, revistas y periódicos. Cuando hablamos de leer, lo que se dice leer, y sobre todo, de comprar libros es otro cantar. Ante este panorama, ¿de verdad somos tan ilusos como para creer que nuestros hijos leerán libros que hayan comprado previamente en plataformas como Todoebook, Grammata, Leer-e, Amazon o Libranda? El problema tiene bastante más calado del que parece. Lo realmente penoso es que algunos pretendan ver el problema en si Libranda sólo vende libros en formato epub, o si su DRM de Adobe no permite la lectura en dispositivos iphone o ipad.
Juntos, instituciones, organismos, asociaciones y editores, deberíamos ponernos manos a la obra y dejar de asustar a la ciudadanía con mensajes apocalípticos sobre el futuro de la cultura. En vez de eso deberíamos dedicar más esfuerzos a educar en la lectura. Leer, ya sea por placer o por obligación, de eso se trata. Nunca he creído en la vida eterna, pero si hay algo por lo que me gustaría vivir para siempre es para poder estar leyendo todo el santo día.
Tal y como pone de manifiesto el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros publicado por la Federación de Gremios de Editores de España, los jóvenes no leen precisamente poco. El problema es qué, dónde y cómo leen. Según el mencionado informe el 97,3% de los jóvenes entre 14 y 24 años lee habitualmente y, de ese porcentaje, el 81,2% lee en formato digital. ¡Qué pasada!, ¿no? Pues aclaremos el concepto leer porque no es precisamente lo que mis improbables lectores se estarán imaginando. Estos datos incluyen, aparte de la lectura que podríamos denominar convencional, la lectura en formato digital de webs, blogs, foros, revistas y periódicos. Cuando hablamos de leer, lo que se dice leer, y sobre todo, de comprar libros es otro cantar. Ante este panorama, ¿de verdad somos tan ilusos como para creer que nuestros hijos leerán libros que hayan comprado previamente en plataformas como Todoebook, Grammata, Leer-e, Amazon o Libranda? El problema tiene bastante más calado del que parece. Lo realmente penoso es que algunos pretendan ver el problema en si Libranda sólo vende libros en formato epub, o si su DRM de Adobe no permite la lectura en dispositivos iphone o ipad.Juntos, instituciones, organismos, asociaciones y editores, deberíamos ponernos manos a la obra y dejar de asustar a la ciudadanía con mensajes apocalípticos sobre el futuro de la cultura. En vez de eso deberíamos dedicar más esfuerzos a educar en la lectura. Leer, ya sea por placer o por obligación, de eso se trata. Nunca he creído en la vida eterna, pero si hay algo por lo que me gustaría vivir para siempre es para poder estar leyendo todo el santo día.
miércoles, 19 de mayo de 2010
"Esos libros redondos, los cederrón"
Googleaba yo en busca de un CD-ROM antiguo cuando he aterrizado sobre un documento cuyo título me ha transportado 10 años atrás: "Esos libros redondos, los cederrón".
Es un artículo del 2001 que parece un mausoleo del multimedia infantil de los noventa. Los aficionados de cierta edad reconoceréis grandes títulos de la época como "El álbum secreto del tío Alberto", "Las tres mellizas" o "Taller de inventos".
Juzgadas hoy, un siglo después, algunas de esas obras se diseñaron con unos interfases "futuristas" y barrocos y no deberíamos dejarlas salir nunca más de sus cajas "jewel case". Otras ya apostaron por diseños claros y simples, muy sencillos de utilizar, sea porque la tecnología de la época no daba para más o sea porque sus diseñadores eran auténticos visionarios.
La guía de estilo para el diseño de aplicaciones para iPad de Apple va en esta línea y recomienda concentrarse en el contenido y no añadir funcionalidades secundarias al uso principal de la aplicación.
Estoy convencido de que algunos de los contenidos de esa época tendrán una segunda vida en el iPad. Por ejemplo, la colección "I spy" de Scholastic, traducida en España por Barcelona Multimedia es una maravilla para los pequeños y un ejemplo de contenido con la interactividad "justa".
Aunque (aviso para editores multimedia) no nos emocionemos con el iPad. El CD-ROM de "Veo veo, la casa encantada", cuesta hoy unos 35 euros en la Casa del Libro y 1 dolar en iTunes para iPhone. Sospecho que el precio para iPad será más parecido al de iPhone...
sábado, 19 de diciembre de 2009
Libros electrónicos de Disney
Los lectores de tinta electrónica como el Kindle no son aún muy atractivos para los niños porque la pantalla no permite incluir dibujos a color y su funcionamiento no es sencillo. Algunos fabricantes han empezado a sacar modelos infantiles pero las pantallas son aún de LCD, con lo cual la lectura es incomoda como la de los portátiles. Y ya puestos a leer sobre pantalla de ordenador, merece la pena ver los Disney Digital Books. Disney ha añadido a sus libros una buena muestra de lo que puede esperarse de una publicación digital: un diccionario se abre en las palabras difíciles, se puede oir la pronunciación de una palabra, o de todo el texto, el niño puede personalizar los nombres de algunos personajes, hay tests, etc. Es un cruce de ebook y aplicación multimedia tradicional.
También han cambiado el modelo de comercialización: no se vende cada ebook sino que se adquiere una suscripción "familiar" a la colección completa, formada por 500 libros, por unos $80 al año o $9 al mes.
En Publishing Perspectives podeis encontrar una entrevista sobre este proyecto al responsable en Disney Publishing Worlwide.
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