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sábado, 3 de marzo de 2012

Nuestro primer formato de "libro enriquecido": Martín Ojo de Plata

Los conceptos de "libro interactivo" y de "libro enriquecido" se utilizan hoy indistintamente para cualquier contenido o funcionalidad añadida a un ebook más allá del ePub o del html.

Para mi el "libro enriquecido" es aquel que complementa la lectura de una historia respetando el trazado que diseñó el autor, mientras que un "libro interactivo" crea nuevos caminos en una historia, transformándola parcial o totalmente.

Los libros enriquecidos existen desde que se inventaron las notas a pie de página o las ilustraciones. Sin embargo tenían algunas limitaciones que en digital podemos superar. Para demostrarlo hemos lanzado una app para iPad basada en el libro de Matilde Asensi, Martín Ojo de Plata.

En digital no tenemos problemas de espacio y podemos permitirnos el lujo de tener todas las notas que queramos. En Martín Ojo de Plata hemos creado más de 500, con léxico especializado, notas sobre los personajes o citas cronológicas.

El lector tiene ahora control sobre notas o ilustraciones. Martín contiene mapas para ubicar el transcurso de la acción que el lector consultará sólo cuando lo necesite.



El lector que prefiera concentrarse en la lectura sin distracciones dispone de un botón para ocultar los vínculos.

Adicionalmente a los contenidos incluidos como vínculos en la lectura, los libros enriquecidos pueden complementar el universo de la historia con material complementario. En Martín hemos añadido estos "extras" como carpetas de documentos que se activan cuando se gira el iPad a la posición horizontal.



Martín Ojo de Plata es un primer formato de libro enriquecido que vamos a ir desarrollando progresivamente. No dudéis en contactarnos si tenéis sugerencias para nuevas funcionalidades que podamos incluir en próximas obras.









martes, 8 de noviembre de 2011

¿Cómo llenar una app con emociones?

Los libros descubrieron hace tiempo el camino al corazón del lector a través de buenas historias e ilustraciones. Cuando les añadimos interactividad obtenemos resultados espectaculares, como la app para iPad de Alicia, pero ¿estamos enriqueciendo realmente la obra o la estamos utilizando como excusa para crear otro tipo de entretenimiento?


Nuestros colegas de Infantil nos propusieron un reto: digitalizar un libro ilustrado que trata el difícil tema de la muerte de un ser querido (¿Dónde está Güelita Queta?).

Es un libro que cuesta leer sin emocionarse. Evidentemente necesitaba un tratamiento especial. No podíamos limitarnos a añadir comportamientos a los objetos (hacer clic en las ventanitas o en los pajaritos). Este es un tipo de interactividad parásita que se aprovecha de la historia para abrir su propio camino. Con la excusa de darle control al usuario se lo quita al autor.

Que la historia esté al servicio de la acción es apropiado para un videojuego, donde el usuario genera su historia. Pero es un desperdicio cuando existe un autor con algo valioso que contar. La ilustración está al servicio de la historia y la interactividad debe ponerse al servicio de los dos.

Es un interesante campo para investigar. En este caso, hemos buscado resaltar la poesía del libro añadiendo una dimensión temporal a cada doble página. Para ello se ha animado la presentación de algunos objetos de la ilustración original del autor, contando con el refuerzo de la locución y de la banda sonora.

¿Cómo saber si lo hemos conseguido? Si por casualidad os cayesen ambos formatos en las manos, decidnos si os habéis emocionado más en el papel o el iPad…







Saludos desde aquí a todos los participantes en el proyecto, especialmente a Mateu Costa-Pau, Carlos Yter y a Emfasi Comunicació Digital.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Good By, Bruguera!

El próximo martes 21 de septiembre se celebra el centenario de la fundación de la editorial Bruguera, creada originalmente en 1910 por Joan Bruguera Teixidor con el nombre de El Gato Negro. Como mis improbables lectores sabrán, el Grupo Zeta -actual propietario de la editorial- anunció el pasado mes de mayo su cierre (parece que esta vez definitivo) a finales de 2010 o principios de 2011. Da pena ver cómo desaparece un trocito de la historia editorial española y, por qué no decirlo, un pedacito de la historia sentimental de un servidor. En estos tiempos de dura crisis me rompe el corazón ver cómo cierra sus puertas una editorial que en sus mejores momentos llegó a tener 1.500 empleados, entre los que se encontraban gran número de represaliados tras la Guerra Civil española. Por sus oficinas desfilaron grandes dibujantes como Ambrós, Ibáñez, Peñarroya, Conti, Escobar, Raf, Cifré o Vázquez. Genios de la plumilla que crearon fabulosos personajes inspirados en la vida cotidiana como Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Carpanta, el tío Vázquez, Anacleto, Zipi y Zape, las hermanas Gilda o 13, Rue del Percebe, entre otros muchos.

Mi infancia y la de otros muchos niños de varias generaciones transcurrió con los tebeos de Bruguera. Sus páginas alimentaron mi ilusión y fantasía haciéndome olvidar la España en blanco y negro en la que crecí. La editorial barcelonesa fue una fábrica de viñetas a través de cuyas ventanitas podíamos ver pasar la vida de la casposa sociedad española de las décadas de 1960 y 1970. Publicaciones como Tío Vivo, DDT, Magos del Humor, Pulgarcito, El Capitán Trueno o Jabato, sin olvidarnos de Historias Selección, Joyas Literarias Juveniles o Bolsilibros, supieron transmitir el gusto por la lectura a las clases más populares de la sociedad española.

En la actualidad el cómic se ha convertido en algo más elitista ya que, en mi opinión, está enfocado a un público más adulto. Es cierto que el tiempo de los jóvenes es ahora más limitado. Además, hoy en día hay mucha más competencia: la televisión, las videoconsolas o Internet en sus diversas fórmulas de consumo. No obstante, editoriales estadounidenses especializadas en cómic como Marvel
, DC Comics o Image Comics han sabido ponerse al día y ya disponen de aplicaciones para disfrutar de las aventuras de sus superhéroes a través de iPhone o iPad. Asimismo, recientemente han aparecido nuevas iniciativas como la de Izneo, plataforma francesa especializada en la venta de cómics en formato digital que permite su alquiler on-line.¿Qué ha sucedido en España? ¿Por qué no hemos sabido adaptar ese patrimonio cultural a las nuevas tecnologías? Si algo me gustaba de Bruguera era la capacidad de actualizar sus personajes a lo que acontecía en el día a día. Recuerdo historietas como El atasco de influencias en la que se hablaba del tráfico de influencias entre familiares de la clase política española. Está claro que mis héroes de la infancia no llegarán a ver esa dulce convivencia del papel y el bit de la que algunos medios hablan. Me tendré que conformar con la reedición de los mismos a través de coleccionables. Menos da una piedra.
¡Gracias por todo y hasta siempre, Bruguera!

lunes, 13 de septiembre de 2010

Libros como bases de datos y enciclopedias en tres dimensiones

Una de las visiones del futuro del libro es la del "libro como base de datos". En ella, el libro digital ya no es un contínuo de páginas con un inicio y un fin. Se convierte en un magma de contenidos interrelacionados.
 
Algunas de sus ventajas son evidentes, pensemos en la Wikipedia: consultable desde cualquier sitio, actualizable, búsqueda potente... Pero con esto sólo mejoramos lo que ya hacemos en papel. 
 
En digital podemos ser más ambiciosos e introducir, por ejemplo, nuevas "dimensiones". Las enciclopedias en papel tienen una sola dimensión, la "dimensión alfabética": son una secuencia de artículos ordenados, generalmente desde la A hasta la Z. 

En una base digital podemos añadir una "segunda dimensión": para cada término podemos consultar las versiones de cada edición que se ha realizado sobre su entrada. Es su "dimensión temporal". En Wikipedia esta función se diseñó para poder recuperar una versión correcta del artículo en caso de vandalismo.

Pero cuando se añade tecnología a los contenidos aparecen usos "emergentes" que superan el potencial que imaginaban sus editores originales.

James Bridle propone otro uso para la dimensión temporal. Analizó la entrada "The Iraq War" de la Wikipedia inglesa desde su creación hasta noviembre de 2009 y observó que en cinco años se realizaron 12.000 versiones. Estas versiones son un testimonio de la evolución de las opiniones de los editores a lo largo del proceso de discusión.
 
Si imaginamos una enciclopedia en papel que contuviera esta documentación supondría 7.000 páginas en 12 volúmenes, el tamaño de una enciclopedia clásica. 



La obra es sólo una maqueta para mostrar el concepto. El autor sugiere que la "memoria" de los libros on-line supondrá una revolución para la historiografía porque documenta la evolución de los puntos de vista durante los procesos historicos. 

Para visualizar el equivalente de esta información en papel deberiamos imaginar una biblioteca con miles de enciclopedias como estas, una para cada una de las entradas! 
 
Aunque las dimensiones no terminan aquí. Podemos considerar que Wikipedia tiene como mínimo una "tercera dimensión", la del idioma, pero yo desisto de intentar visualizar una enciclopedia en papel en tres dimensiones...
 
 

 

domingo, 29 de agosto de 2010

¿Sólo puede quedar uno?

Aqui teneis una infografía que me ha enviado una buena amiga, autora del blog cultural calamares en su tinta, sobre el combate entre el libro y el libro electrónico. Como dice ella, el gráfico esta muy claro y el diseño "años 30" muy conseguido.



Esto no es la película de Los Inmortales, aquí puede quedar más de uno. No será necesario que los editores de papel y los digitales vayan persiguiéndose por las calles, rebanándose los cogotes con espadas japonesas.
Entre tanto comentario radical por uno y otro lado se agradece una visión ponderada y en verano, aún mejor, resumida. Apareció en Newsweek este agosto.

martes, 24 de agosto de 2010

El Tío Petros y la conjetura de la lectura low-cost

Una noche de insomnio canicular me agencié "El tio Petros y la conjetura de Goldbach" en una edición, vamos a denominar, "de fortuna". Acostumbro a comprar los libros pero por lo visto la edición en castellano está agotada.
 
El libro narra la fascinación de un sobrino por su tío, matemático obsesionado por resolver uno de los problemas más famosos de su especialidad.





Antes de cargar el libro en mi Kindle lo hojeé en el portátil. A eso de las dos de la madrugada me di cuenta de dos cosas:
1) Me había enganchado y llevaba un par de horas leyendo. Por lo visto, si la historia es buena, se puede leer en un ordenador.
2) Mientras leía, estaba haciendo lo que podríamos denominar "corrección simultánea". Algunos ebooks de internet contienen errores de escaneo, por ejemplo, "H" por "ll", con lo que tenemos una "ama de Haves". Estos errores se repiten y nuestro cerebro acaba aprendiéndo a traducirlos sobre la marcha.

¿Podemos conjeturar que si la historia es suficientemente buena y las ganas de leer aprietan, ni las pantallas LCD, ni mucho menos la ortografía o la tipografia pueden interponerse?

La vapuleada cadena de valor de la edición digital pierde otro eslabón, la corrección, y la traspasa al nuevo "lector-corrector simultáneo". Es una "lectura low-cost", como decía Neus Arqué, y como en las líneas aéreas, el cliente acaba haciéndolo todo.

Para tranquilidad de editores la experiencia "low-cost" es a veces excesivamente "low". En "El Tío Petros" aparecen fórmulas matemáticas imposibles de reconstruir, o notas a pie de página que se mezclan con el texto y que hay que desenredar. Siempre habrá alguien que agradezca una edición comme il faut.



(Aunque no descartemos que dentro de unas décadas, nuestros hijos, particularmente bien entrenados para la corrección simultánea gracias a los sms lleguen a desarrollar la lectura tipo "matrix", extrayendo directamente el argumento de las ristras de bits...)



viernes, 13 de agosto de 2010

Leer o no leer, esa es la cuestión

Llevaba un tiempo retirado de la vida bloguera y con la total seguridad de que nadie me habrá echado de menos durante este lapso de tiempo, me dispongo a romper el silencio antes de coger unas semanas de vacaciones. Viene bien de vez en cuando guardar silencio, especialmente cuando no se tiene nada que decir. Sienta bien tomar perspectiva para evitar dejar de mirarte el ombligo tan a menudo. Ya lo comentó el compañero Ricard en un post de hace algún tiempo: “La edición electrónica corre el riesgo de tener más sacerdotes que feligreses.” Creo que así está sucediendo. Se está convirtiendo en una especie de pasatiempos para todos los que nos movemos, de una forma u otra, en el mundillo de la edición. Nos pasamos los días entre dimes y diretes jugando a tirios y troyanos. Criticamos, criticamos y criticamos, pero casi nunca damos un paso para intentar construir algo positivo y duradero. Algo que enganche a las nuevas generaciones de lectores a leer y, sobre todo, a pagar por el placer de leer en los nuevos formatos de lectura. Si no actuamos pronto desapareceremos entre la “cultura” de lo gratuito y la dichosa piratería. Tal y como pone de manifiesto el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros publicado por la Federación de Gremios de Editores de España, los jóvenes no leen precisamente poco. El problema es qué, dónde y cómo leen. Según el mencionado informe el 97,3% de los jóvenes entre 14 y 24 años lee habitualmente y, de ese porcentaje, el 81,2% lee en formato digital. ¡Qué pasada!, ¿no? Pues aclaremos el concepto leer porque no es precisamente lo que mis improbables lectores se estarán imaginando. Estos datos incluyen, aparte de la lectura que podríamos denominar convencional, la lectura en formato digital de webs, blogs, foros, revistas y periódicos. Cuando hablamos de leer, lo que se dice leer, y sobre todo, de comprar libros es otro cantar. Ante este panorama, ¿de verdad somos tan ilusos como para creer que nuestros hijos leerán libros que hayan comprado previamente en plataformas como Todoebook, Grammata, Leer-e, Amazon o Libranda? El problema tiene bastante más calado del que parece. Lo realmente penoso es que algunos pretendan ver el problema en si Libranda sólo vende libros en formato epub, o si su DRM de Adobe no permite la lectura en dispositivos iphone o ipad.

Juntos, instituciones, organismos, asociaciones y editores, deberíamos ponernos manos a la obra y dejar de asustar a la ciudadanía con mensajes apocalípticos sobre el futuro de la cultura. En vez de eso deberíamos dedicar más esfuerzos a educar en la lectura. Leer, ya sea por placer o por obligación, de eso se trata. Nunca he creído en la vida eterna, pero si hay algo por lo que me gustaría vivir para siempre es para poder estar leyendo todo el santo día.

lunes, 19 de julio de 2010

No puedo ponerle gasolina a mi tractor amarillo!

La aparición de Libranda está provocando debates para todos los gustos en la blogosfera. Era previsible por ser el habitat natural de los que estamos interesados por la evolución del libro electrónico.
Pero además empezaron a aparecer noticias en la prensa no especializada, lo cual me pareció una buena noticia. ¿Habrá más gente interesada en el tema de la que nos pensamos?
Pues no. Se comprueba que el libro electrónico sigue estando en el jardín de infancia y que la prensa no sabe de lo que habla: la web de Público escribía "Los libros de Libranda no se pueden leer en el Kindle ni en el iPad". Menuda novedad, tampoco puedo repostar mi tractor diesel en el surtidor de gasolina. Se puede estar o no de acuerdo pero ya hace tiempo que anunciaron que distribuirían formatos epub con el DRM de Adobe, el formato más común aunque nos pese a los propietarios de un Kindle, como yo.
Vuelta a la realidad: un artículo sobre el libro electrónico sólo es interesante para el gran público en la medida que incluya términos como "iPad" o "Kindle", vengan o no vengan al caso.

lunes, 28 de junio de 2010

Libros "en la nube" aterrizando por todas partes

Hace unos meses alguien me habló de la metodología de gestión del tiempo "GTD" (Getting Things Done) de David Allen. Será por mi pasado de consultor pero el caso es que me divierten estas cosas. Como no localicé el libro en castellano acabé comprándolo en Amazon y empecé a leerlo en el Kindle.

Como todo libro de autoayuda empresarial, se lee fácilmente, pero iba marcando fragmentos por si decidía después poner el método en práctica.

Revisar estas notas con un lector de tinta electrónica puede ser un suicidio porque pasar las páginas es muy lento. Como las librerías electrónicas permiten bajar el libro comprado a más de un dispositivo, lo bajé al PC. Las notas que había tomado en el Kindle bajaron con el texto y pude revisarlas de forma mucho más rápida. También aproveché para ver mejor algunos gráficos.

A las dos semanas fui a sacarme el pasaporte y me tuvieron una hora esperando. Bajé el libro al iPhone y aproveché para continuar la lectura. El libro se abre en la última página que has leído, aunque sea en otro dispositivo.

Ya sólo faltaba probarlo en el iPad del trabajo. Bajé una vez más el libro para releer alguno de los fragmentos que tenía subrayados. El libro se bajó con las notas que había tomado en el Kindle y en el ordenador. Pero además, bajó los subrayados más "populares" de otros lectores.



Al final del experimento, habré leído este libro en 4 dispositivos distintos, cada uno con sus ventajas y sus inconvenientes, cada uno adaptado a una situación diferente.

Es lícito preguntarse qué aporta esto al mundo editorial más allá de entretener a algunos tecnólogos camuflados de editores. Hace un tiempo usar un teléfono móvil en la calle también parecía un entretenimiento gratuito.

Los libros electrónicos empiezan a desplegar su potencial. De momento se ha subido a "la nube" y empiezan a lanzarse en sus paracaídas donde menos lo esperamos...

lunes, 14 de junio de 2010

El cambio de paradigma

A sabiendas de que mis improbables lectores pensarán que soy un pesado, cada vez estoy más convencido de que ésta no es una época de cambios sino, ciertamente, un cambio de época. Nunca he compartido la máxima de Enrique Dans acerca de que todo va a cambiar. Siempre me ha parecido escuchar en ella ecos del "gatopardismo", aquella paradoja expuesta en la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Personalmente, me inclino más por pensar que a partir de ahora nada va ser como antes. No me estoy refiriendo únicamente a los cambios producidos por el ebook y sus secuelas, sino a esa especie de tormenta perfecta denominada crisis mundial y sus consecuencias en la transformación de la edición.

En la escuela nos enseñaron una interpretación del mundo que, me atrevería a decir, por primera vez en la historia está haciendo aguas. Nos educaron con consignas en las que se nos recordaba que éramos los herederos de la promesa. “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.” (Romanos 4:13). Cuántas mentiras. La historia no es otra cosa que una sucesión de presentes que siempre acaban regresando. Por primera vez estamos en pelotas. Esta vez nada de lo aprendido con la experiencia nos servirá para salir del atolladero ¿Se dejaría usted operar del ojo que le queda por el mismo cirujano que le dejó ciego del primero? No sé usted, pero yo lo tengo claro.


Vaya panorama, ¿no? He de confesar que superado el ataque de pánico inicial, por primera vez en mi vida me he sentido libre de referencias atávicas. Por primera vez no cuento con un manual de instrucciones que seguir. No sé que piensa usted, improbable lector, pero a mí lejos de amedrentarme la incertidumbre me sube la bilirrubina hasta donde hace veranos que no me subía. Éste es el momento de romper todos los libros de estilo y comenzar de nuevo. ¿Tiene sentido en un ebook, por ejemplo, el control de viudas y huérfanas en un entorno en el que el lector puede variar el tamaño de letra a su antojo? Y como éste un motón de axiomas que se desmoronan como la arena de playa entre los dedos. Inventemos, pues, ahora es el momento. Por mucho que la “caguemos” las cosas no se pondrán mucho peor de los que están.

Es por esto que no dejan de sorprenderme las
declaraciones realizadas por Barack Obama sobre los efectos perniciosos de las nuevas tecnologías. Un político, no lo olvidemos, cuya campaña electoral se basó precisamente en el impacto de los nuevos recursos que ofrecía Internet: "Con los iPods, iPads, Xbox y PlayStation, que ignoro cómo funcionan, la información se convierte en una distracción, en una forma de diversión más que en una herramienta de emancipación intelectual.” Leer cosas como éstas despiertan mi lado más pedagógico, al tiempo que aumentan de una forma directamente proporcional mi mala leche. Ahora más que nunca los maestros deben ser artistas de la comunicación. Como diría el investigador Alejandro Piscitelli: “La educación debe convertirse en industria del deseo si quiere ser industria del conocimiento.”

sábado, 5 de junio de 2010

Formatos para leer en el mundo audiovisual

El editor megavisionario: "los nativos digitales necesitan nuevos lenguajes audiovisuales. Los niños de hoy jamás volverán a abrir un libro". El editor resistente: "la única forma de asimilar mensajes complejos es mediante la lectura. O dejamos los libros como están o estaremos creando una generación de consumidores ignorantes".
Aparece el director de la editorial: "dejaros de historias. Poneros a hacer algo que suene a ebook para el iPad (o para el libro de texto digital, o para lo que sea). Podríamos añadir algun vídeo al texto..."

Mientras, empresas de orígenes diversos, van proponiendo (afortunadamente) ideas para enriquecer de forma efectiva la experiencia de lectura mediante la edición digital.

Acabo de leer un no-sé-cómo-llamarlo (artículo? texto? presentación?) sobre como deberían enseñarse las matemáticas. El tema es lo de menos (aunque es interesante, por cierto), pero merece la pena ver la estructura, creada con una herramienta para editar presentaciones llamada Prezi




(Ponedlo en pantalla completa. Está en inglés)

Probablemente no sea ni un libro tradicional ni tampoco uno multimedia. Sencillamente utiliza la tipografía y los efectos de navegación para explicitar la estructura del texto y destacar los puntos que desea el autor. Para los nuevos lectores, éste es un formato que facilita la lectura y que aporta valor.

Por cierto, para generar este tipo de materiales ¿tendrán que transformarse los maquetadores en realizadores, en un sentido próximo al audiovisual?

jueves, 27 de mayo de 2010

La perdición del libro está en su préstamo

A buen seguro mis improbables lectores se habrán formulado alguna vez la remota pregunta de ¿cuántas veces se puede prestar un libro? Desde bien pequeño corría por casa un dicho que siempre despertó mi interés. “Hay cinco cosas en la vida que nunca se deben prestar: dinero, el hombre o la mujer, la pluma, el coche y un libro”. Con el paso del tiempo descubrí, muy a mi pesar, que algunas de aquellas cosas tenían su propia idiosincrasia ya que se podían prestar por su cuenta y riesgo, o sea, sin pedir permiso.

Desde entonces he estado consultando a verdaderos expertos en el arte de prestar libros, y todos ellos han coincidido con mi parecer sobre la pregunta que abría el presente post. En realidad, un libro pretecnológico sólo se puede prestar una vez. Todos hemos coincidido en el bajo porcentaje de posibilidades que tienes de poder prestarlo una segunda ocasión, e improbable el hecho de prestarlo por tercera vez. En el mundo del libro hay un axioma claro: un libro, una vez que lo has prestado no le vuelves a ver el pelo.

Es más, una vez leí un cuento que relataba la historia de un hombre residente en la India que había fundado una enorme biblioteca.
–¿Cómo creó usted esta biblioteca?" –le preguntaron.
–Con los libros que la gente me ha prestado –respondió.
–¿Cómo es esto? –exclamó interesado su interlocutor.
–Tengo por costumbre no devolver ninguno de los libros que me prestan. Así es como he sido capaz de crear esta biblioteca –insistió.
–¿Pero no tiene Usted remordimientos por los libros que no ha devuelto?
–¿Remordimientos?, el que presta sus libros está loco. Y quien los devuelve está aún más loco que él.


He de decir que hace un par de semanas mi vida cambió. Caí del caballo como Saulo camino de Damasco. Leí estremecido que Libranda, la plataforma liderada por Planeta, Random House Mondadori y Santillana había decidido delimitar el número de copias que se pudieran hacer de un libro a seis. Es decir, el usuario que compre un título podrá prestarlo hasta seis veces. Por su parte, el usuario que haya recibido un libro electrónico en préstamo no podrá prestarlo. En aquel instante, lo primero que me vino a la cabeza fue la teoría de los seis grados de separación que establece que una persona puede estar relacionada con cualquier otra en el mundo a través de una cadena de conocidos de sólo seis pasos. Vaya, pensé, qué considerados. ¿Quién dijo que el placer de la lectura era una práctica onanista? Mira por dónde. Además de enriquecerte culturalmente, o no, Libranda te garantiza, con el permiso de las redes sociales, ampliar tus contactos y confirmar que el mundo es un pañuelo. Como diría mi idolatrada Rosa Villacastín: “Cultivar la amistad ayuda a vivir plenamente la madurez”.

Desde aquí quisiera dar las gracias a los pensadores de Libranda
por ayudar a los lectores a no seguir perdiendo libros y, por extensión, amigos. He de reconocer que, en mi opinión, ésta es la más importante novedad que ha aportado el libro electrónico en su corta vida. A partir de ahora tendremos seis intentos para no perder los libros que prestamos a nuestros presuntos amigos. Sólo por eso he de decir bien alto que les prometo fidelidad absoluta. Queda dicho.

domingo, 16 de mayo de 2010

¿Es un libro la suma de sus capítulos?

Desde la popularización de las obras impresas existen básicamente dos tipos de lectores. Por un lado está el “lector literario”: aquel que practica una lectura inmersiva devorando novela, poesía, teatro y ensayo. Mientras que por otro está el “lector especialista”, aquel que lee para consultar, aprender o ampliar conocimientos. La diferencia más clara entre ambos puede encontrarse en el informe anual, publicado por la Federación de Gremios de Editores de España, titulado Comercio Interior del Libro en España. A la hora de analizar la facturación del sector, dicho informe segmenta el mercado en las siguientes materias: literatura, infantil y juvenil, texto no universitario, diccionarios y enciclopedias, ciencias sociales y humanidades, derecho y ciencias económicas, religión, científico-técnico y universitario, libros prácticos, divulgación general y cómics.

Independientemente de la materia, la diferencia entre ambos es básicamente de actitud ante el hecho de la lectura. El “lector especialista” no es un lector normal. Por norma general se acerca a un libro con el afán de profundizar sobre el significado de algo que desconoce. Por utilizar un símil cinegético, en primer lugar hace las veces de un ojeador que busca su pieza: no lee ordenadamente, sino que lee a salto de mata tratando de capturar la información que necesita. Por otra parte, no es un lector pasivo como el literario, sino que es un cazador activo de conocimiento. Por tanto, es obligación del editor facilitar la autonomía del lector para que lea lo que quiera, cuando quiera y donde quiera.


Pensando en un mercado en el que la piratería digital afecta fundamentalmente al libro técnico y universitario, no sé si es muy arriesgado proponer desde aquí un concepto de edición ortopédica, aunque tal como está el patio igual no resulta tan descabellado como parece. La realidad es que España está a la cabeza de los países de la Unión Europea en cuanto a descargas ilegales de contenidos culturales. Lo que supone unas pérdidas totales de la industria española de 1.400 millones de euros. Es evidente que hay libros que son algo más que la suma de sus capítulos, y esto debe ser respetado, pero ¿qué pasa con el resto? Con el libro técnico y universitario, por ejemplo. Si nos ceñimos al mercado de las obras de referencia es evidente que las partes de un libro coexisten dentro de una misma encuadernación, pero cada parte sigue teniendo sentido fuera del todo.

Al igual que existen grandes libros, también hay grandes rutas como el camino de Santiago que mantienen la entidad gracias a la totalidad de su recorrido. A pesar de ello, nada nos impide poder hacer un día una excursión de León a Astorga y sentirnos como un peregrino que ha realizado la ruta al completo. En otras palabras, ¿qué nos impide vender determinados tipos de libros por capítulos? Sé que puede parecer un concepto casi culinario: la descontrucción de la edición. ¿Por qué no? En tiempos de guerra cualquier agujero es una trinchera.

lunes, 10 de mayo de 2010

Atrapado en el tiempo

Hay días que no sabes porqué te levantas de tan mal humor hasta que, por fin, recuerdas la jodida pesadilla que te amargó durante buena parte de la noche. Eso fue, ni más ni menos, lo que me pasó ayer. Soñé cosas que mis improbables lectores no creerían. Emulando a Blade Runner vi naves en llamas más allá de Orión… y rayos C que brillaban en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Soñé cosas difíciles de imaginar. Cosmogonías que explicaban el futuro de los editores. El mío propio.

En el sueño me veía obligado a repetir, una y otra vez, el mismo día de mi vida. 9:00 a.m. Reunión con mi director editorial. Tengo un encargo para ti. ¿Crees que podríamos publicar en CD-ROM esta colección que tenemos en papel? He oído que este formato es el futuro. Perfecto, prueba superada. 12:00 p.m. ¿Podrías imaginar ahora qué deberíamos hacer para aderezarla un poco y ofrecerla en DVD-ROM. ¡Eh!, no te despistes, ¿sería posible hacer también una versión on-line para mantenerla siempre actualizada?, ¿y en tinta electrónica? ¿Cómo que en qué formato? Tú mismo. 16:00 p.m. De paso, no olvides estudiar la forma de poder trocearla para venderla en la Appstore para iPhone. 18:00 p.m. Cuidado, ten en cuenta que
a partir del 28 de mayo se empieza a vender el iPad en España. ¿Tienes previsto ya cómo la vamos a adaptar?

En ese momento agradecí que mi vecino ronque como un hotentote y me desperté entre dudas y sudores fríos. Al soñar con mi futuro vi, como en un retablo gótico, el trabajo de mis quince últimos años de vida laboral. Tal como hizo Bill Murray en Atrapado en el tiempo repetí entre balbuceos aquella memorable frase: "puede que no haya mañana. Hoy no lo hubo." Lo cierto es que llevamos haciendo lo mismo desde hace década y media. Primero fue el prehistórico CD-ROM y ahora es el intuitivo iPad. Lo tratamos todo como si el salto de la edición pretecnológica a la digital fuera tan sencillo como pasar de una edición en tapa dura a otra de bolsillo. Pensamos que un libro se convierte en digital con una simple imposición de dígitos, perdón, quise decir de manos. Parémonos un momento a reflexionar: no basta sólo con trasladar los contenidos de un formato a otro, primero deberíamos intentar entender qué ofrece de novedoso el formato recién nacido. En fin, aunque ya sea un poco tarde, pido disculpas a mis lectores por el cabreo pero esto es lo que tiene haber dormido regulín.

miércoles, 28 de abril de 2010

Libros electrónicos con extras para iPhone

Enhanced Editions es una pequeña editorial de Londres que publica libros con "extras" para iphone. Su propuesta incluye añadidos como un audiobook, con lectura del autor, o videos intercalados.

En este video (en inglés) se muestran ejemplos del libro The Death of Bunny Muro. Cuesta unos 10€ en la AppStore y fué seleccionada por Apple como una de las mejores apps del 2009.



Esta es una opción que algunos editores se plantean como una forma fácil de añadir valor al libro digital. Pero si el enfoque es el que vemos en la mayoría de los DVD, es decir, incluir meros materiales promocionales, el producto no se enriquece en absoluto.
El autor debe, por ejemplo, poder narrar un fragmento clave o explicar su posición desde el exterior de la narración. El e-ditor debe incorporar estas capacidades desde la concepción del producto para conseguir que libro alcance una nueva dimensión.

martes, 13 de abril de 2010

Adaptarse o morir

Sin ningún lugar a dudas vivimos tiempos difíciles. Días en los que las fronteras cambian de ubicación de un minuto para otro: días de iphone, días de epub, días de ipad. Pero…, por encima de todo es tiempo de editores. ¿O mejor debería decir tiempo de ausencia de e-ditores?

En 1943 el sicólogo estadounidense Abraham Maslow
formuló una jerarquía de necesidades humanas en la que, según su parecer, conforme se satisfacían las necesidades de supervivencia, los seres humanos desarrollaban necesidades y deseos de crecimiento personal. La idea básica de esta clasificación se plasmaba en una pirámide en la que las necesidades más altas ocupaban nuestra atención sólo cuando se habían satisfecho las necesidades inferiores.


Los editores pasamos nuestros días entre autores visionarios, tecnólogos románticos y libreros ilustrados. Hasta la fecha, desde un sector tan egocéntrico como el editorial únicamente nos hemos cuestionado preguntas relacionadas con nosotros mismos: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y, sobre todo, ¿a dónde vamos? Es decir, nos hemos centrado en fuerzas regresivas que empujan nuestras inquietudes hacia las necesidades más básicas de la parte inferior de la pirámide. Dentro de la fiesta que supone la edición digital los editores nos hemos comportado como el invitado que llega tarde a la misma e intenta ponerse a tono lo más rápidamente posible para no desentonar, sin preocuparle lo más mínimo qué es lo que se celebra.

En mi opinión, el futuro de la e-dición gira alrededor de una palabra clave: Reconversión. La experiencia me dice que la verdadera revolución es la que empieza por uno mismo. Parafraseando al trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, podríamos decir: “No nos preguntemos qué puede hacer la edición digital por nosotros, preguntémonos que podemos hacer nosotros por la edición digital. Sólo así conseguiremos que, al menos por nuestra parte, las fuerzas de crecimiento den lugar a un movimiento ascendente en la jerarquía de la famosa pirámide.

viernes, 9 de abril de 2010

Contenidos educativos para iPad

Parecía que el iPad sólo iba a cambiar el mundo de las revistas pero llegan ya aplicaciones educativas. En este vídeo se presenta una espectacular tabla periódica de los elementos interactiva, que contiene incluso visualizaciones para gafas 3D. En la Appstore cuesta, a día de hoy, 11 €.





Este tipo de contenidos no ha aparecido con el iPad, ya existen aplicaciones multimedia similares. Pero la posibilidad de "sujetar" los contenidos en las manos y "manejarlos" con el interfaz táctil de un tablet crea una experiencia de usuario totalmente diferente a la de una aplicación para PC manejada con ratón. 


Tenemos una buena oportunidad para recuperar contenidos interactivos interesantes que duermen enterrados en CD-ROMs y darles nueva vida en estos soportes.

viernes, 26 de marzo de 2010

¿Le importaría explicarme como funciona este libro?


Una de las fases más importantes de la edición digital es el diseño interactivo. En ella se decide la forma en que el usuario va a interactuar con el sistema para conseguir la información que necesita. El diseño ideal es aquel que el usuario sabe utilizar sin que tengamos que explicárselo.

Los editores de papel se ahorran esta tarea. La gente sabe como leer un libro, abriéndolo, y pasando las hojas una por una. No es necesario un servicio de atención al usuario, como el que plantean en este video:



Pero no os riais del manual de instrucciones que le dan al monje al final del video. Los libros electrónicos han venido a complicar la vida a todos los editores por igual. Si estáis pensando en explotar las posibilidades de interacción que ofrecen los ebooks debéis que tener en cuenta que algunas cosas tan sencillas como encontrar el índice o leer una nota a final del libro pueden ser más complicadas de lo que parecen.

Y dada la poca experiencia de los usuarios actuales algunos editores, como los de esta Biblia, prefieren añadir una página de ayuda (cual vulgar programa informático) antes que perder alguna oveja entre hipervínculo e hipervínculo.

jueves, 18 de marzo de 2010

Sobre derechos: descubrir el arte del siglo XX gracias a los ebooks

Id a la entrada de Picasso de la wikipedia española y fijaros en las obras que la ilustran. Los redactores han tenido que echar mano de su creatividad para ilustrarla con obras de dominio público: un Greco, un Gaugin, un Juan Gris, etc... Me han parecido especialmente curiosas la inclusión del Entierro del Señor de Orgaz y de la Dama de Elche.



Ahora id a la versión americana de la entrada. Sorprendentemente, ilustra la entrada de Picasso con obras de un tal Pablo Picasso (ni rastro del Señor de Orgaz ni de la Dama de Elche). Por lo visto, su derecho de cita opina que es bueno que los estudiantes vean las obras, mientras que el nuestro, más exigente, apuesta por conocerlas a través de la lectura.

Si quereis editar una obra en la que estén incluidos artistas del s.XX debeis abonar los derechos correspondientes. Puede ocurrir que estos derechos se paguen por cada mes de presencia on-line, lo que dificulta enormemente preveer el coste de un proyecto. Hay que pagar incluso para utilizarlas en obras educativas de acceso abierto.

En algunas ocasiones los editores optan por no incluir obras de artistas recientes y se produce lo que algunos han llamado el "apagón de contenidos del s. XX".

De aquí mi sorpresa cuando vi una aplicación de arte para iPhone con una base de datos de pintores bastante completa por 0,79€. En los créditos avisaban que utilizan imágenes del dominio público, pero entonces, ¿como ilustran Picasso?

El ebook permite no ilustrarlo. Las entradas de autores sujetos a derechos no incluyen sus obras pero añaden links a sites donde pueden encuentrarse. Para el lector digital no hay diferencia entre ver una obra dentro o fuera de la aplicación. Como además un botón permite descargarlas e incorporarlas a la entrada, no sólo tengo ya las obras de Picasso sino que además la personalizo con mis favoritas.

¿Acabarán nuestros escolares estudiando el arte contemporáneo con ebooks americanos?


domingo, 14 de marzo de 2010

La edición invisible

A los niños pequeños les encantan los juegos de escondite. Tal vez el más famoso de todos es el sobradamente conocido Cu-cu... ¡Tras! Es muy habitual jugar con un bebé tapándole los objetos que tiene a la vista para hacerle creer que éstos han desaparecido. Detrás de este juego universal se esconde un fenómeno que los sicólogos denominan “descubrimiento de la permanencia del objeto”. Hasta los nueve meses aproximadamente, cuando el niño deja de ver un objeto piensa que ha desaparecido, incluso aunque lo ocultemos bajo un trapo delante de sus narices. Si él no lo ve, es que no existe. Por eso, cuando el objeto vuelve a aparecer, para él supone una sorpresa mayúscula, como si se tratase de un truco de magia. Y éste es el motivo por el cual no se cansará de repetirlo una y otra vez, porque con cada nueva ocasión experimentará la misma emoción. Primero se comienza por esconder objetos detrás de un papel o debajo de una sábana y poco a poco los niños comienzan a esconderse ellos mismos. Mi hija Paula pensaba que al taparse la cara con sus manitas y dejar de verme, yo tampoco podía verla a ella. En cierta medida ella creía que a ratos se volvía un poco invisible.
Creo que eso es lo que nos pasa a los editores de libros de referencia. Como el resto del sector no nos ve, nosotros mismos hemos llegado a creernos que no existimos. Vamos, que somos invisibles. Representamos a la perfección la definición que James Joyce daba de fantasma: “¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia o por cambio de costumbres.”

Editar (bits o átomos) en España es llorar aunque, también en este caso, algunos lloremos más que otros. En un oficio en el que tanto se lleva la arrogancia, el éxito y el protagonismo van ligados al de la visibilidad de nuestro catálogo. Los editores que nos dedicamos a un tipo de publicaciones que no suelen aparecer en los suplementos culturales ni merecemos una triste reseña por nuestras obras, seguimos siendo fundamentales no sólo para el sector editorial, sino también para el cultural. Aunque parezcamos invisibles seguimos trabajando cada día llenando metros y metros de los anaqueles físicos y virtuales de la librerías existentes en el mundo.

La obra que acabamos de publicar en Amazon pretende acercar a los lectores los procesos actuales de creación de contenidos: tal vez el concepto más básico y, por contra, el menos estudiado de la edición. La edición de libros de referencia pasa, por norma general, absolutamente desapercibida. En el panorama actual del sector, el trabajo del editor cobra más importancia en función del protagonismo de éste, y en el caso del editor de contenidos, suele ser invisible. Parafraseando a George Orwell, todos los editores son iguales, pero lamentablemente algunos son más iguales que otros.

Por si no disponéis de un dispositivo de lectura Kindle y estáis ansiosos por leer “La edición invisible” también podéis encontrar el libro aquí
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