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viernes, 15 de octubre de 2010

De qué hablamos cuando hablamos de comprar libros en la nube

Google Editions es el servicio de venta de libros electrónicos que Google tiene previsto lanzar en los próximos meses. Hoy he estado en una presentación y me ha dado que pensar el modelo de compra.

Hasta ahora comprar algo en Internet - un viaje, un libro - puede ser un proceso complicado pero tiene una ventaja: es inequívoco. Sabes lo que estás comprando.

Esto parece una obviedad, pero no lo es en el mundo de los "libros en la nube". Nuestro interlocutor nos ha mostrado lo sencillo que es realizar la compra y entonces ha añadido una frase inquietante: "Veamos que es lo que el usuario acaba de comprar".

¿Cómo? ¿no estaba comprando un libro? Comprar un ebook será realmente fácil y lo difícil va a ser ¡entender que cosa acabo de comprar!

En realidad estoy comprando el derecho a acceder a un libro que se almacena en "la nube" (en los servidores de Google), al que podré acceder desde casi cualquier dispositivo conectado a internet (ordenadores, iPad, tablets, iPhones, teléfonos Android, etc.).

Con este modelo se abren un buen número de oportunidades. Se me ocurre poder comprar un libro que se actualiza periódicamente, o un libro que aún no está terminado, o un libro por capítulos, o solicitar un determinado desenlace en una novela, o alquilar un libro de texto durante un curso, o decidir si quiero o no ilustraciones en el libro, ...

Seguro que podéis imaginar más variantes de libros... ¿...o ya no debemos llamarlos libros?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Good By, Bruguera!

El próximo martes 21 de septiembre se celebra el centenario de la fundación de la editorial Bruguera, creada originalmente en 1910 por Joan Bruguera Teixidor con el nombre de El Gato Negro. Como mis improbables lectores sabrán, el Grupo Zeta -actual propietario de la editorial- anunció el pasado mes de mayo su cierre (parece que esta vez definitivo) a finales de 2010 o principios de 2011. Da pena ver cómo desaparece un trocito de la historia editorial española y, por qué no decirlo, un pedacito de la historia sentimental de un servidor. En estos tiempos de dura crisis me rompe el corazón ver cómo cierra sus puertas una editorial que en sus mejores momentos llegó a tener 1.500 empleados, entre los que se encontraban gran número de represaliados tras la Guerra Civil española. Por sus oficinas desfilaron grandes dibujantes como Ambrós, Ibáñez, Peñarroya, Conti, Escobar, Raf, Cifré o Vázquez. Genios de la plumilla que crearon fabulosos personajes inspirados en la vida cotidiana como Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Carpanta, el tío Vázquez, Anacleto, Zipi y Zape, las hermanas Gilda o 13, Rue del Percebe, entre otros muchos.

Mi infancia y la de otros muchos niños de varias generaciones transcurrió con los tebeos de Bruguera. Sus páginas alimentaron mi ilusión y fantasía haciéndome olvidar la España en blanco y negro en la que crecí. La editorial barcelonesa fue una fábrica de viñetas a través de cuyas ventanitas podíamos ver pasar la vida de la casposa sociedad española de las décadas de 1960 y 1970. Publicaciones como Tío Vivo, DDT, Magos del Humor, Pulgarcito, El Capitán Trueno o Jabato, sin olvidarnos de Historias Selección, Joyas Literarias Juveniles o Bolsilibros, supieron transmitir el gusto por la lectura a las clases más populares de la sociedad española.

En la actualidad el cómic se ha convertido en algo más elitista ya que, en mi opinión, está enfocado a un público más adulto. Es cierto que el tiempo de los jóvenes es ahora más limitado. Además, hoy en día hay mucha más competencia: la televisión, las videoconsolas o Internet en sus diversas fórmulas de consumo. No obstante, editoriales estadounidenses especializadas en cómic como Marvel
, DC Comics o Image Comics han sabido ponerse al día y ya disponen de aplicaciones para disfrutar de las aventuras de sus superhéroes a través de iPhone o iPad. Asimismo, recientemente han aparecido nuevas iniciativas como la de Izneo, plataforma francesa especializada en la venta de cómics en formato digital que permite su alquiler on-line.¿Qué ha sucedido en España? ¿Por qué no hemos sabido adaptar ese patrimonio cultural a las nuevas tecnologías? Si algo me gustaba de Bruguera era la capacidad de actualizar sus personajes a lo que acontecía en el día a día. Recuerdo historietas como El atasco de influencias en la que se hablaba del tráfico de influencias entre familiares de la clase política española. Está claro que mis héroes de la infancia no llegarán a ver esa dulce convivencia del papel y el bit de la que algunos medios hablan. Me tendré que conformar con la reedición de los mismos a través de coleccionables. Menos da una piedra.
¡Gracias por todo y hasta siempre, Bruguera!

viernes, 13 de agosto de 2010

Leer o no leer, esa es la cuestión

Llevaba un tiempo retirado de la vida bloguera y con la total seguridad de que nadie me habrá echado de menos durante este lapso de tiempo, me dispongo a romper el silencio antes de coger unas semanas de vacaciones. Viene bien de vez en cuando guardar silencio, especialmente cuando no se tiene nada que decir. Sienta bien tomar perspectiva para evitar dejar de mirarte el ombligo tan a menudo. Ya lo comentó el compañero Ricard en un post de hace algún tiempo: “La edición electrónica corre el riesgo de tener más sacerdotes que feligreses.” Creo que así está sucediendo. Se está convirtiendo en una especie de pasatiempos para todos los que nos movemos, de una forma u otra, en el mundillo de la edición. Nos pasamos los días entre dimes y diretes jugando a tirios y troyanos. Criticamos, criticamos y criticamos, pero casi nunca damos un paso para intentar construir algo positivo y duradero. Algo que enganche a las nuevas generaciones de lectores a leer y, sobre todo, a pagar por el placer de leer en los nuevos formatos de lectura. Si no actuamos pronto desapareceremos entre la “cultura” de lo gratuito y la dichosa piratería. Tal y como pone de manifiesto el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros publicado por la Federación de Gremios de Editores de España, los jóvenes no leen precisamente poco. El problema es qué, dónde y cómo leen. Según el mencionado informe el 97,3% de los jóvenes entre 14 y 24 años lee habitualmente y, de ese porcentaje, el 81,2% lee en formato digital. ¡Qué pasada!, ¿no? Pues aclaremos el concepto leer porque no es precisamente lo que mis improbables lectores se estarán imaginando. Estos datos incluyen, aparte de la lectura que podríamos denominar convencional, la lectura en formato digital de webs, blogs, foros, revistas y periódicos. Cuando hablamos de leer, lo que se dice leer, y sobre todo, de comprar libros es otro cantar. Ante este panorama, ¿de verdad somos tan ilusos como para creer que nuestros hijos leerán libros que hayan comprado previamente en plataformas como Todoebook, Grammata, Leer-e, Amazon o Libranda? El problema tiene bastante más calado del que parece. Lo realmente penoso es que algunos pretendan ver el problema en si Libranda sólo vende libros en formato epub, o si su DRM de Adobe no permite la lectura en dispositivos iphone o ipad.

Juntos, instituciones, organismos, asociaciones y editores, deberíamos ponernos manos a la obra y dejar de asustar a la ciudadanía con mensajes apocalípticos sobre el futuro de la cultura. En vez de eso deberíamos dedicar más esfuerzos a educar en la lectura. Leer, ya sea por placer o por obligación, de eso se trata. Nunca he creído en la vida eterna, pero si hay algo por lo que me gustaría vivir para siempre es para poder estar leyendo todo el santo día.

lunes, 14 de junio de 2010

El cambio de paradigma

A sabiendas de que mis improbables lectores pensarán que soy un pesado, cada vez estoy más convencido de que ésta no es una época de cambios sino, ciertamente, un cambio de época. Nunca he compartido la máxima de Enrique Dans acerca de que todo va a cambiar. Siempre me ha parecido escuchar en ella ecos del "gatopardismo", aquella paradoja expuesta en la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Personalmente, me inclino más por pensar que a partir de ahora nada va ser como antes. No me estoy refiriendo únicamente a los cambios producidos por el ebook y sus secuelas, sino a esa especie de tormenta perfecta denominada crisis mundial y sus consecuencias en la transformación de la edición.

En la escuela nos enseñaron una interpretación del mundo que, me atrevería a decir, por primera vez en la historia está haciendo aguas. Nos educaron con consignas en las que se nos recordaba que éramos los herederos de la promesa. “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.” (Romanos 4:13). Cuántas mentiras. La historia no es otra cosa que una sucesión de presentes que siempre acaban regresando. Por primera vez estamos en pelotas. Esta vez nada de lo aprendido con la experiencia nos servirá para salir del atolladero ¿Se dejaría usted operar del ojo que le queda por el mismo cirujano que le dejó ciego del primero? No sé usted, pero yo lo tengo claro.


Vaya panorama, ¿no? He de confesar que superado el ataque de pánico inicial, por primera vez en mi vida me he sentido libre de referencias atávicas. Por primera vez no cuento con un manual de instrucciones que seguir. No sé que piensa usted, improbable lector, pero a mí lejos de amedrentarme la incertidumbre me sube la bilirrubina hasta donde hace veranos que no me subía. Éste es el momento de romper todos los libros de estilo y comenzar de nuevo. ¿Tiene sentido en un ebook, por ejemplo, el control de viudas y huérfanas en un entorno en el que el lector puede variar el tamaño de letra a su antojo? Y como éste un motón de axiomas que se desmoronan como la arena de playa entre los dedos. Inventemos, pues, ahora es el momento. Por mucho que la “caguemos” las cosas no se pondrán mucho peor de los que están.

Es por esto que no dejan de sorprenderme las
declaraciones realizadas por Barack Obama sobre los efectos perniciosos de las nuevas tecnologías. Un político, no lo olvidemos, cuya campaña electoral se basó precisamente en el impacto de los nuevos recursos que ofrecía Internet: "Con los iPods, iPads, Xbox y PlayStation, que ignoro cómo funcionan, la información se convierte en una distracción, en una forma de diversión más que en una herramienta de emancipación intelectual.” Leer cosas como éstas despiertan mi lado más pedagógico, al tiempo que aumentan de una forma directamente proporcional mi mala leche. Ahora más que nunca los maestros deben ser artistas de la comunicación. Como diría el investigador Alejandro Piscitelli: “La educación debe convertirse en industria del deseo si quiere ser industria del conocimiento.”

jueves, 27 de mayo de 2010

La perdición del libro está en su préstamo

A buen seguro mis improbables lectores se habrán formulado alguna vez la remota pregunta de ¿cuántas veces se puede prestar un libro? Desde bien pequeño corría por casa un dicho que siempre despertó mi interés. “Hay cinco cosas en la vida que nunca se deben prestar: dinero, el hombre o la mujer, la pluma, el coche y un libro”. Con el paso del tiempo descubrí, muy a mi pesar, que algunas de aquellas cosas tenían su propia idiosincrasia ya que se podían prestar por su cuenta y riesgo, o sea, sin pedir permiso.

Desde entonces he estado consultando a verdaderos expertos en el arte de prestar libros, y todos ellos han coincidido con mi parecer sobre la pregunta que abría el presente post. En realidad, un libro pretecnológico sólo se puede prestar una vez. Todos hemos coincidido en el bajo porcentaje de posibilidades que tienes de poder prestarlo una segunda ocasión, e improbable el hecho de prestarlo por tercera vez. En el mundo del libro hay un axioma claro: un libro, una vez que lo has prestado no le vuelves a ver el pelo.

Es más, una vez leí un cuento que relataba la historia de un hombre residente en la India que había fundado una enorme biblioteca.
–¿Cómo creó usted esta biblioteca?" –le preguntaron.
–Con los libros que la gente me ha prestado –respondió.
–¿Cómo es esto? –exclamó interesado su interlocutor.
–Tengo por costumbre no devolver ninguno de los libros que me prestan. Así es como he sido capaz de crear esta biblioteca –insistió.
–¿Pero no tiene Usted remordimientos por los libros que no ha devuelto?
–¿Remordimientos?, el que presta sus libros está loco. Y quien los devuelve está aún más loco que él.


He de decir que hace un par de semanas mi vida cambió. Caí del caballo como Saulo camino de Damasco. Leí estremecido que Libranda, la plataforma liderada por Planeta, Random House Mondadori y Santillana había decidido delimitar el número de copias que se pudieran hacer de un libro a seis. Es decir, el usuario que compre un título podrá prestarlo hasta seis veces. Por su parte, el usuario que haya recibido un libro electrónico en préstamo no podrá prestarlo. En aquel instante, lo primero que me vino a la cabeza fue la teoría de los seis grados de separación que establece que una persona puede estar relacionada con cualquier otra en el mundo a través de una cadena de conocidos de sólo seis pasos. Vaya, pensé, qué considerados. ¿Quién dijo que el placer de la lectura era una práctica onanista? Mira por dónde. Además de enriquecerte culturalmente, o no, Libranda te garantiza, con el permiso de las redes sociales, ampliar tus contactos y confirmar que el mundo es un pañuelo. Como diría mi idolatrada Rosa Villacastín: “Cultivar la amistad ayuda a vivir plenamente la madurez”.

Desde aquí quisiera dar las gracias a los pensadores de Libranda
por ayudar a los lectores a no seguir perdiendo libros y, por extensión, amigos. He de reconocer que, en mi opinión, ésta es la más importante novedad que ha aportado el libro electrónico en su corta vida. A partir de ahora tendremos seis intentos para no perder los libros que prestamos a nuestros presuntos amigos. Sólo por eso he de decir bien alto que les prometo fidelidad absoluta. Queda dicho.

domingo, 16 de mayo de 2010

¿Es un libro la suma de sus capítulos?

Desde la popularización de las obras impresas existen básicamente dos tipos de lectores. Por un lado está el “lector literario”: aquel que practica una lectura inmersiva devorando novela, poesía, teatro y ensayo. Mientras que por otro está el “lector especialista”, aquel que lee para consultar, aprender o ampliar conocimientos. La diferencia más clara entre ambos puede encontrarse en el informe anual, publicado por la Federación de Gremios de Editores de España, titulado Comercio Interior del Libro en España. A la hora de analizar la facturación del sector, dicho informe segmenta el mercado en las siguientes materias: literatura, infantil y juvenil, texto no universitario, diccionarios y enciclopedias, ciencias sociales y humanidades, derecho y ciencias económicas, religión, científico-técnico y universitario, libros prácticos, divulgación general y cómics.

Independientemente de la materia, la diferencia entre ambos es básicamente de actitud ante el hecho de la lectura. El “lector especialista” no es un lector normal. Por norma general se acerca a un libro con el afán de profundizar sobre el significado de algo que desconoce. Por utilizar un símil cinegético, en primer lugar hace las veces de un ojeador que busca su pieza: no lee ordenadamente, sino que lee a salto de mata tratando de capturar la información que necesita. Por otra parte, no es un lector pasivo como el literario, sino que es un cazador activo de conocimiento. Por tanto, es obligación del editor facilitar la autonomía del lector para que lea lo que quiera, cuando quiera y donde quiera.


Pensando en un mercado en el que la piratería digital afecta fundamentalmente al libro técnico y universitario, no sé si es muy arriesgado proponer desde aquí un concepto de edición ortopédica, aunque tal como está el patio igual no resulta tan descabellado como parece. La realidad es que España está a la cabeza de los países de la Unión Europea en cuanto a descargas ilegales de contenidos culturales. Lo que supone unas pérdidas totales de la industria española de 1.400 millones de euros. Es evidente que hay libros que son algo más que la suma de sus capítulos, y esto debe ser respetado, pero ¿qué pasa con el resto? Con el libro técnico y universitario, por ejemplo. Si nos ceñimos al mercado de las obras de referencia es evidente que las partes de un libro coexisten dentro de una misma encuadernación, pero cada parte sigue teniendo sentido fuera del todo.

Al igual que existen grandes libros, también hay grandes rutas como el camino de Santiago que mantienen la entidad gracias a la totalidad de su recorrido. A pesar de ello, nada nos impide poder hacer un día una excursión de León a Astorga y sentirnos como un peregrino que ha realizado la ruta al completo. En otras palabras, ¿qué nos impide vender determinados tipos de libros por capítulos? Sé que puede parecer un concepto casi culinario: la descontrucción de la edición. ¿Por qué no? En tiempos de guerra cualquier agujero es una trinchera.

lunes, 10 de mayo de 2010

Atrapado en el tiempo

Hay días que no sabes porqué te levantas de tan mal humor hasta que, por fin, recuerdas la jodida pesadilla que te amargó durante buena parte de la noche. Eso fue, ni más ni menos, lo que me pasó ayer. Soñé cosas que mis improbables lectores no creerían. Emulando a Blade Runner vi naves en llamas más allá de Orión… y rayos C que brillaban en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Soñé cosas difíciles de imaginar. Cosmogonías que explicaban el futuro de los editores. El mío propio.

En el sueño me veía obligado a repetir, una y otra vez, el mismo día de mi vida. 9:00 a.m. Reunión con mi director editorial. Tengo un encargo para ti. ¿Crees que podríamos publicar en CD-ROM esta colección que tenemos en papel? He oído que este formato es el futuro. Perfecto, prueba superada. 12:00 p.m. ¿Podrías imaginar ahora qué deberíamos hacer para aderezarla un poco y ofrecerla en DVD-ROM. ¡Eh!, no te despistes, ¿sería posible hacer también una versión on-line para mantenerla siempre actualizada?, ¿y en tinta electrónica? ¿Cómo que en qué formato? Tú mismo. 16:00 p.m. De paso, no olvides estudiar la forma de poder trocearla para venderla en la Appstore para iPhone. 18:00 p.m. Cuidado, ten en cuenta que
a partir del 28 de mayo se empieza a vender el iPad en España. ¿Tienes previsto ya cómo la vamos a adaptar?

En ese momento agradecí que mi vecino ronque como un hotentote y me desperté entre dudas y sudores fríos. Al soñar con mi futuro vi, como en un retablo gótico, el trabajo de mis quince últimos años de vida laboral. Tal como hizo Bill Murray en Atrapado en el tiempo repetí entre balbuceos aquella memorable frase: "puede que no haya mañana. Hoy no lo hubo." Lo cierto es que llevamos haciendo lo mismo desde hace década y media. Primero fue el prehistórico CD-ROM y ahora es el intuitivo iPad. Lo tratamos todo como si el salto de la edición pretecnológica a la digital fuera tan sencillo como pasar de una edición en tapa dura a otra de bolsillo. Pensamos que un libro se convierte en digital con una simple imposición de dígitos, perdón, quise decir de manos. Parémonos un momento a reflexionar: no basta sólo con trasladar los contenidos de un formato a otro, primero deberíamos intentar entender qué ofrece de novedoso el formato recién nacido. En fin, aunque ya sea un poco tarde, pido disculpas a mis lectores por el cabreo pero esto es lo que tiene haber dormido regulín.

lunes, 26 de abril de 2010

La transformación de los contenidos para el editor y el profesor

Como nuestros improbables lectores ya sabréis, desde Editobits quisimos sumarnos a la celebración del Sant Jordi de una manera un tanto original. Nuestra particular aportación para ese día tan especial fue aceptar la invitación de participar en la jornada sobre El repte del “llibre de text” digital, organizada por el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB. Ricard moderó brillantemente una mesa redonda sobre La transformación en la industria de contenidos. Yo, por mi parte, realicé la introducción a la mesa redonda titulada El futuro de los servicios de contenidos digitales. La transformación de los contenidos para el editor y el profesor. Si disponéis de 10 minutos os invitamos a leerla. Que disfrutéis.

Buenas tardes.
Mientras preparaba la introducción para la presente mesa redonda recordé un texto del filósofo británico Michael Oakeshott que decía “Lo único indispensable para la escuela es que haya maestros; el actual énfasis en todo tipo de aparatos destruye casi por completo la escuela.” Vaya, pensé, y ahora qué hago. Mi idea original era intentar dar unas pinceladas sobre la transformación que se está produciendo en el sector editorial. Sobre todo en relación al gran reto que supone para los editores el migrar contenidos secuenciados, en forma de páginas, al nuevo modelo digital. Este cambio no deja de ser un reto tanto para los editores como para los profesores: referente a su desarrollo, para los primeros, y en lo tocante a su uso para los segundos.
La etimología de la palabra “editar” procede del verbo latino “edere” que significa ‘engendrar la vida’. Por su parte, la de “educar” viene de “educare”, cuyo significado es ‘sacar afuera, criar, cultivar’. Hasta el momento de preparar la presente introducción no me había dado cuenta de lo ligado que iba el destino de los editores y los profesores.
Para los que no estén familiarizados con el mundo de la edición, editar es embarcarte en un viaje sin retorno. Al editar se sabe de dónde partes, con quién viajas, qué medio de transporte utilizas, pero aunque sepamos dónde queremos ir no siempre se llega donde teníamos pensado. Creo que ahí reside la magia de este oficio, y es que cada día nos reinventamos a nosotros mismos engendrando nuevas oportunidades. Personalmente, como editor me siento en cada proyecto que me embarco como el Caronte pintado por Joachim Patinir en El paso de la laguna Estigia; nunca sabremos a qué punto de la orilla se dirige su barca llevando el alma del difunto. Lo único que tengo claro es que, sea como sea, el futuro siempre está más allá, al otro lado. En resumen, creo que editar es avanzar, es contribuir a que los ciudadanos sean cada día mejores y más críticos.
¿Acaso no es lo mismo que educar? Cada mañana cuando dejo a mi hija en la escuela me imagino a su profesor remando como ese Caronte sin saber si se dirige al Paraíso de los Bienaventurados, o hacia los resplandores flameantes del infierno. Lo fascinante de educar consiste en sacar a la luz lo mejor que cada persona lleva dentro. Adaptándose a las formas existentes sin doblegarlas, pero resaltando lo que mejor haya en ellas, dejando que se diluyan en el olvido las imperfecciones. El profesor, al igual que hace el pintor, casi nunca emplea colores puros, sino que los mezcla en la paleta hasta lograr un resultado final lleno de personalidad. Ese es su gran reto, que los escolares del siglo XXI abandonen la escuela habiendo aprendido a aprender y, sobre todo, a pensar.

A estas alturas de la jornada me sigo preguntando si editar y educar es realmente tan diferente. Las herramientas empleadas en la edición actual poco o nada tiene que ver con la que se realizaba hace una década y, en determinados ámbitos, casi nada con el método que se utilizaban, sin ir más lejos, hace un año. El trabajo del editor consiste, básicamente, en convertir las ideas en algo tangible: en una realidad a la que llamamos libro, tenga el formato que tenga. Dichas ideas siempre surgen de una necesidad: ya sea del público, en forma de lector, alumno en este caso, o bien, de las propias editoriales. Actualmente, el editor que quiera sobrevivir a un entorno tan cambiante ha de estar preparado para gestionar el conocimiento. Esto, que parece tan sencillo de decir, significa que ha de procurar facilitar el acceso del lector a los contenidos, intentar ser una brújula dentro del exceso de información reinante y, sobre todo, favorecer su reutilización en diferentes ámbitos. El editor ha de ponerse en el lugar del usuario final, y en cómo éste buscará en una obra la información que desea. El verdadero reto del nuevo editor está en cómo organizar y tratar el conocimiento para convertir el texto en hipertexto.
Por su parte, al profesor de hoy en día no le basta con enseñar conocimientos. Todos sabemos que lo que se aprende en la escuela poco o nada tendrá que ver con los problemas concretos que los jóvenes deberán afrontar en el futuro. Antes se pensaba que lo que se aprendía en la escuela te servía para toda la vida, pero todo cambia a una velocidad de vértigo. La escuela tiene que adaptarse a las nuevas herramientas de aprendizaje que ayuden a los alumnos a navegar dentro de un abrumante entorno sobrecargado de información. Ahora es el momento de hacer hincapié en enseñar competencias, en definitiva, en enseñar que además de aprender contenidos los alumnos han de aprender a aprender. O, lo que es lo mismo, enseñar a acceder a los alumnos al conocimiento. Algo que tiene que ver con lo que antiguamente denominábamos sentido común.

El vertiginoso ritmo de cambios de la sociedad actual exige aprendices permanentes. Me viene a la memoria el concepto de “vida líquida” desarrollado por el filósofo polaco Zygmunt Bauman. El tiempo que nos ha tocado vivir es un tiempo líquido en el que ya no hay valores sólidos sino volubles. Los modelos y estructuras sociales no mantienen durante mucho tiempo una misma forma. En resumen, nuestros días discurren en una constante incertidumbre.
El papel del editor se diluye, adoptando éste en muchas ocasiones el papel de autor, ofreciendo contenidos anónimos bajo la figura de obra colectiva. El profesor se convierte en editor pasando a seleccionar y crear los contenidos que considera necesarios para realizar su trabajo. El autor por su parte, prefiere actuar como distribuidor y ofrecer sus obras directamente al público, sin pasar por el corsé de las editoriales.
Éste es el nuevo contexto en el que nos movemos, un entorno en el que cada uno de los actores juega a representar el papel que no le corresponde. A veces tengo la sensación de estar jugando a las sillas musicales donde, mientras la música suena, los participantes están deseosos de ocupar la silla de su compañero de juego.

Tanto los editores como los profesores solemos olvidarnos del valor del papel que jugamos en la sociedad. En ambos casos hemos de aprender a gestionar correctamente nuestra reputación. Gracias al trabajo de los primeros las editoriales aportan un valor añadido como marchamo de calidad. Un libro publicado en un sello editorial, sea el que sea, implica que un editor creyó que valía la pena invertir en algo costoso de producir y aún más difícil de vender. Hasta hace no demasiado tiempo las editoriales se sentían orgullosas de lo que publicaban, ahora, ellas mismas se infravaloran. Si algo hemos de tener claro los editores es que hemos de generar contenidos, no información perecedera. Es decir, contenidos que representen conocimiento basado en el rigor y la atemporalidad.
Si los editores hemos visto cuestionada nuestra reputación qué decir de los profesores. Éstos se han visto abocados a una pérdida paulatina de su autoridad en el aula. Si los editores somos capaces de ofrecer al profesor contenidos adaptados tanto a las nuevas tecnologías como al lenguaje de los alumnos, podremos contribuir a que los profesores recuperen la autoridad perdida en el aula. Es decir que vuelva a respetarse el poder que tiene el docente tanto por el cargo que ocupa como por los conocimientos que posee.

Sin ningún lugar a dudas estamos asistiendo a un cambio de modelo social. Tal como plantea el historiador venezolano Víctor Bravo, a lo largo de la historia se han producido importantes transformaciones en la estructura del conocimiento. En las culturas orales predominaba la sabiduría. Ésta era detentada por los ancianos, poseedores de la memoria. Posteriormente, en las sociedades con escritura el papel de los ancianos fue asumido por el editor. Su valor fundamental consistía en transformar la sabiduría en conocimiento y, al igual que en el pasado hacían los ancianos, transmitirlo al resto de sus congéneres. En la sociedad actual el leit motiv ha pasado a ser la información, desdibujándose el sentido del papel del editor. Cualquiera es capaz de comunicar información, unos pocos menos conocimiento y, menos aún los capaces de transmitir sabiduría. Hoy en día, el libro ya no es considerado el emblema del saber y el conocimiento. Lamentablemente, el sector editorial que representaba en sí mismo el mundo del conocimiento ha dejado paso a otro mundo, el de la información.
¿Tendría razón el enciclopedista Condorcet cuando soñaba con textos sin autor que circularan libremente, como la mejor forma de difundir el conocimiento? La realidad es que nos movemos en un mundo en el que el 80% de los contenidos que hay publicados en la web han sido generados por los propios internautas en los que no se ha llevado a cabo ningún tipo de edición. A sabiendas de que la publicación masiva no implica la profesionalización de la masa, ahora más que nunca, editores y profesores deberíamos ir de la mano para intentar evitar que el aprendizaje siga basándose en la imitación y la repetición. Hemos de fijar nuestro esfuerzo en desarrollar herramientas que nos ayuden a detectar plagios, y a indexar materiales ya publicados con el fin de poder reutilizarlos en las aulas. Los primeros hemos de intentar difundir conocimiento y los segundos en transmitir sabiduría. De este modo podemos trabajar juntos para que la edición digital contribuya a aportar calidad frente a la cantidad de información existente.
Muchas gracias y buenas tardes.

sábado, 24 de abril de 2010

Resumen del debate sobre el libro de texto digital

Se celebró el miercoles la jornada de debate sobre el libro de texto digital, organizada por el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB. Eficientes como son, la gente del Gabinete ya han colgado un video resumen de la jornada para los que no pudisteis asistir.



A mi me tocó moderar la mesa sobre la transformación de la industria de contenidos, en la que estaba presente una completa muestra del sector: las editoriales de texto (Marta Bonet, resposable de contenidos digitales de Santillana y José Moyano, presidente de ANELE), una editorial "nativa digital" (Héctor Ruíz, director general de DigitalText), un proveedor de servicios de distribución (Luís Mulero, co-fundador de Virtus360) y un analista del sector (Fco. Javier Jiménez, co-autor del blog ParadigmaLibro).

El resto de mesas estaba formada principalmente por representantes de la administración y por docentes. Si con las mesas separadas por "sectores" (administración, industria, docentes), el debate fue interesante, imaginaros que puede pasar cuando los organizadores los mezclen. Probablemente saltarán chispas, pero, al mismo tiempo, empezarán a surgir soluciones. En el debate sobre la incorporación de las TIC en la educación se echan de menos más discursos "transversales".

Ya os avisaremos cuando se publiquen el resto de videos. De momento, no perdais de vista el blog de las jornadas porque la intención del gabinete es continuar el debate constituyendo "una red de profesionales, docentes e investigadores que de forma permanente reflexione sobre los retos y las posibilidades del libro de texto digital".

miércoles, 14 de abril de 2010

Acompáñanos a la jornada "El repte del llibre de text digital" el 21 de abril

El 21 de abril tendra lugar la jornada de debate "El repte del llibre de text digital" organizada por el Gabinet de Comunicació i Educació de la Universitat Autònoma de Barcelona.

En esta jornada participará el equipo de Editobits "al completo": Jose Cruz introducirá el tema en la mesa redonda "El futuro de los servicios de contenidos digitales. La transformación de los contenidos para los editores y el profesor" y Ricard moderará la mesa "De las editoriales a las e-ditoriales. La transformación en la industria de contenidos".

Hay dos mesas más: "El futur dels llibres digitals en el contexte educatiu", presentada por José Manuel Pérez Tornero,  y "Els llibres digitals a l'escola: innovacio e-ducativa? La transformació de l'educació", moderada por Mireia Pi y presentada por Ferran Ruiz. Consultad la lista completa de ponentes porque es muy interesante. 

Podeis encontrar más información en el blog de la jornada. La asistencia es gratuita y la organización nos ha comentado que ya han recibido 170 inscripciones. Se realizará en el Cibernárium.

martes, 13 de abril de 2010

Adaptarse o morir

Sin ningún lugar a dudas vivimos tiempos difíciles. Días en los que las fronteras cambian de ubicación de un minuto para otro: días de iphone, días de epub, días de ipad. Pero…, por encima de todo es tiempo de editores. ¿O mejor debería decir tiempo de ausencia de e-ditores?

En 1943 el sicólogo estadounidense Abraham Maslow
formuló una jerarquía de necesidades humanas en la que, según su parecer, conforme se satisfacían las necesidades de supervivencia, los seres humanos desarrollaban necesidades y deseos de crecimiento personal. La idea básica de esta clasificación se plasmaba en una pirámide en la que las necesidades más altas ocupaban nuestra atención sólo cuando se habían satisfecho las necesidades inferiores.


Los editores pasamos nuestros días entre autores visionarios, tecnólogos románticos y libreros ilustrados. Hasta la fecha, desde un sector tan egocéntrico como el editorial únicamente nos hemos cuestionado preguntas relacionadas con nosotros mismos: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y, sobre todo, ¿a dónde vamos? Es decir, nos hemos centrado en fuerzas regresivas que empujan nuestras inquietudes hacia las necesidades más básicas de la parte inferior de la pirámide. Dentro de la fiesta que supone la edición digital los editores nos hemos comportado como el invitado que llega tarde a la misma e intenta ponerse a tono lo más rápidamente posible para no desentonar, sin preocuparle lo más mínimo qué es lo que se celebra.

En mi opinión, el futuro de la e-dición gira alrededor de una palabra clave: Reconversión. La experiencia me dice que la verdadera revolución es la que empieza por uno mismo. Parafraseando al trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, podríamos decir: “No nos preguntemos qué puede hacer la edición digital por nosotros, preguntémonos que podemos hacer nosotros por la edición digital. Sólo así conseguiremos que, al menos por nuestra parte, las fuerzas de crecimiento den lugar a un movimiento ascendente en la jerarquía de la famosa pirámide.

jueves, 18 de marzo de 2010

Sobre derechos: descubrir el arte del siglo XX gracias a los ebooks

Id a la entrada de Picasso de la wikipedia española y fijaros en las obras que la ilustran. Los redactores han tenido que echar mano de su creatividad para ilustrarla con obras de dominio público: un Greco, un Gaugin, un Juan Gris, etc... Me han parecido especialmente curiosas la inclusión del Entierro del Señor de Orgaz y de la Dama de Elche.



Ahora id a la versión americana de la entrada. Sorprendentemente, ilustra la entrada de Picasso con obras de un tal Pablo Picasso (ni rastro del Señor de Orgaz ni de la Dama de Elche). Por lo visto, su derecho de cita opina que es bueno que los estudiantes vean las obras, mientras que el nuestro, más exigente, apuesta por conocerlas a través de la lectura.

Si quereis editar una obra en la que estén incluidos artistas del s.XX debeis abonar los derechos correspondientes. Puede ocurrir que estos derechos se paguen por cada mes de presencia on-line, lo que dificulta enormemente preveer el coste de un proyecto. Hay que pagar incluso para utilizarlas en obras educativas de acceso abierto.

En algunas ocasiones los editores optan por no incluir obras de artistas recientes y se produce lo que algunos han llamado el "apagón de contenidos del s. XX".

De aquí mi sorpresa cuando vi una aplicación de arte para iPhone con una base de datos de pintores bastante completa por 0,79€. En los créditos avisaban que utilizan imágenes del dominio público, pero entonces, ¿como ilustran Picasso?

El ebook permite no ilustrarlo. Las entradas de autores sujetos a derechos no incluyen sus obras pero añaden links a sites donde pueden encuentrarse. Para el lector digital no hay diferencia entre ver una obra dentro o fuera de la aplicación. Como además un botón permite descargarlas e incorporarlas a la entrada, no sólo tengo ya las obras de Picasso sino que además la personalizo con mis favoritas.

¿Acabarán nuestros escolares estudiando el arte contemporáneo con ebooks americanos?


domingo, 14 de marzo de 2010

La edición invisible

A los niños pequeños les encantan los juegos de escondite. Tal vez el más famoso de todos es el sobradamente conocido Cu-cu... ¡Tras! Es muy habitual jugar con un bebé tapándole los objetos que tiene a la vista para hacerle creer que éstos han desaparecido. Detrás de este juego universal se esconde un fenómeno que los sicólogos denominan “descubrimiento de la permanencia del objeto”. Hasta los nueve meses aproximadamente, cuando el niño deja de ver un objeto piensa que ha desaparecido, incluso aunque lo ocultemos bajo un trapo delante de sus narices. Si él no lo ve, es que no existe. Por eso, cuando el objeto vuelve a aparecer, para él supone una sorpresa mayúscula, como si se tratase de un truco de magia. Y éste es el motivo por el cual no se cansará de repetirlo una y otra vez, porque con cada nueva ocasión experimentará la misma emoción. Primero se comienza por esconder objetos detrás de un papel o debajo de una sábana y poco a poco los niños comienzan a esconderse ellos mismos. Mi hija Paula pensaba que al taparse la cara con sus manitas y dejar de verme, yo tampoco podía verla a ella. En cierta medida ella creía que a ratos se volvía un poco invisible.
Creo que eso es lo que nos pasa a los editores de libros de referencia. Como el resto del sector no nos ve, nosotros mismos hemos llegado a creernos que no existimos. Vamos, que somos invisibles. Representamos a la perfección la definición que James Joyce daba de fantasma: “¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia o por cambio de costumbres.”

Editar (bits o átomos) en España es llorar aunque, también en este caso, algunos lloremos más que otros. En un oficio en el que tanto se lleva la arrogancia, el éxito y el protagonismo van ligados al de la visibilidad de nuestro catálogo. Los editores que nos dedicamos a un tipo de publicaciones que no suelen aparecer en los suplementos culturales ni merecemos una triste reseña por nuestras obras, seguimos siendo fundamentales no sólo para el sector editorial, sino también para el cultural. Aunque parezcamos invisibles seguimos trabajando cada día llenando metros y metros de los anaqueles físicos y virtuales de la librerías existentes en el mundo.

La obra que acabamos de publicar en Amazon pretende acercar a los lectores los procesos actuales de creación de contenidos: tal vez el concepto más básico y, por contra, el menos estudiado de la edición. La edición de libros de referencia pasa, por norma general, absolutamente desapercibida. En el panorama actual del sector, el trabajo del editor cobra más importancia en función del protagonismo de éste, y en el caso del editor de contenidos, suele ser invisible. Parafraseando a George Orwell, todos los editores son iguales, pero lamentablemente algunos son más iguales que otros.

Por si no disponéis de un dispositivo de lectura Kindle y estáis ansiosos por leer “La edición invisible” también podéis encontrar el libro aquí
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domingo, 21 de febrero de 2010

La edición en los tiempos del cólera

El otro día un buen amigo me hizo llegar por correo electrónico una foto. A primera vista me hizo gracia, pero una segunda mirada hizo borrar la sonrisa de mi rostro. Quién sabe, a lo peor se trataba de una campaña de promoción de la lectura promovida por el Ministerio de Cultura (Gobierno de España).

No digo nada nuevo si insisto en la idea de que no corren buenos tiempos para la edición, ya sea en forma de libro pretecnológico o electrónico. El primero será engullido por el segundo, dicen, y el segundo morirá víctima de su propio ego devorado por la piratería, aseguro.

Qué nos queda, pues. Resistir de forma heroica, como lo hemos hecho en otras ocasiones. Recurrir a la resilencia, esa casi desconocida capacidad humana de encajar, resistir y superar las adversidades. La palabra proviene del latín resilere y aplicada a la sicología tiene que ver con la resistencia y adaptación del ser humano. Decía
Charles Darwin que no son los más fuertes ni los más inteligentes de la especie los que sobreviven, sino los más flexibles y adaptables a los cambios.

En mi devocionario particular siempre he tenido un santo protector. No es otro que sir
Ernest Shackleton. En 1914 este explorador británico de origen irlandés se embarcó en el Endurance junto con su equipo de marineros y científicos con la intención de atravesar la Antártida a pie. La crónica de su viaje representa en sí misma una historia sin igual en los anales de la supervivencia: el barco destrozado por la presión de los hielos, la tripulación abandonada a su suerte, el hambre y el desánimo, al límite de la capacidad humana.

Sin embargo, día tras día de esta angustiosa aventura, Shackleton guió a su equipo dando pruebas de ánimo, creatividad y perspicacia inigualables. Su actuación ofrece una lección de liderazgo de especial valor para el sector editorial, donde la competencia salvaje, los cambios rápidos y la constante demanda de innovación nos empuja a una brutal lucha por la supervivencia.

Sesudos estudios científicos aseguran que la resilencia es superior entre las mujeres que entre los hombres. A lo mejor viene de ahí el mayoritario predominio del sexo femenino en el sector editorial. Bromas aparte, creo que el próximo Sant Jordi me autorregalaré el nuevo libro del siquiatra Luis Rojas Marcos, Superar la adversidad. Como mis improbables lectores imaginarán no disponible en versión electrónica, aunque puede que se lo regalen gratis por la compra de tres bragas. No miraré en emule por si acaso, esta noche no me gustaría tener más pesadillas de las habituales.

miércoles, 10 de febrero de 2010

¿Quién ha dicho que los editores no pueden organizar conciertos?

Los conciertos son una de las fuentes de ingresos con que cantantes y discográficas compensan su disminución de ingresos por venta de CDs. Ante la presión a la baja del precio de los ebooks, el sector editorial echa en falta que los autores, en lugar de sentarse a firmar libros y aparecer en mesas redondas, puedan también convocar 30.000 personas en un estadio (y cobrarles entrada).

¿Cómo pueden los editores organizar "conciertos"? Al fin y al cabo, un concierto es una audiencia dispuesta a pagar por consumir un contenido de marca…

Tim O'Reilly es el editor que lanzó el concepto de Web 2.0. En este video (está en inglés) comenta como ha generado una facturación de 15 millones de dólares anuales gracias a este concepto.




 O'Reilly dice combinar tres factores: (1) la publicación de contenidos gratuitos, como su famoso artículo "Qué es la Web 2.0", combinada con un hábil uso de internet para dar una enorme difusión a su mensaje, con el que (2) supo construir una audiencia, para la que (3) comercializó eventos, de pago o esponsorizados.

En nuestro entorno Alfons Cornella transformó sus contenidos sobre innovación en servicios en Infonomia. Y cada día más autores de blogs los están utilizando para conseguir "bolos".

¿Serán capaces los editores de otros ámbitos de encontrar vías paralelas para rentabilizar sus contenidos?

domingo, 7 de febrero de 2010

Sobre editores y e-ditores (Capítulo 3)

En los últimos tiempos invade el sector editorial un cierto discurso continuista que recuerda las palabras que Voltaire puso en boca del doctor Pangloss: "Este mundo es el mejor que uno puede imaginar". Lamentablemente éste es el discurso de muchos editores que conozco. Digamos que mantienen la teoría de que “con la que está cayendo..., virgencita, virgencita que me quede como estoy.”

Entonces, se preguntarán mis improbables lectores ¿no hay nada nuevo bajo el Sol de la edición? Lo cierto es que hay demasiadas novedades. Es por esto que ante tanta transformación intento establecer analogías con mis referentes pretecnológicos para encontrar puntos de anclaje firmes en este entorno digital tan cambiante. Mi conclusión es que, por mucho que digan, hablar de tecnología no deja de ser lo mismo que hablar de producción y fabricación, mientras que los nuevos modelos de negocio no serían otra cosa que el equivalente a la distribución en el ámbito del libro tradicional. Y es que no conseguirán llevarme al huerto: un e-distribuidor de libros no es un e-ditor sino un simple proveedor de un trabajo que ya ha sido creado. En esta línea recomiendo la lectura del artículo de Jonathan Galassi publicado recientemente en The New York Times.
Un editor hace mucho más que imprimir y vender un libro. La labor primordial de un editor era, y es, dar forma a los contenidos. Su responsabilidad abarca la comprobación de que el discurso del texto tenga un desarrollo lógico, el control de la corrección ortotipográfica, garantizar la originalidad y veracidad del texto, elegir tipos de letra claros y legibles, desarrollar diseños de páginas adecuados, editar el texto diferenciando los elementos principales de los menos importantes, y, por último, crear remisiones e índices de contenidos para facilitar al lector el acceso a la información.El e-ditor o “nuevo editor”, además de todo lo anteriormente dicho, ha de estar preparado para gestionar el conocimiento. Esto significa que ha de facilitar el acceso al lector a los contenidos, intentar evitar la sensación de pérdida, y, sobre todo, favorecer la reutilización de los contenidos de un catálogo editorial. Ha de organizar y priorizar la información, sin olvidarse de buscar sinergias para la creación de nuevas propuestas editoriales. El verdadero reto del e-ditor está en cómo organizar y tratar la información para convertir el texto en hipertexto. Dentro de este contexto es crucial que las empresas comprendan la necesidad de formar adecuadamente a los editores en las nuevas tecnologías para transformarlos en e-ditores capaces de generar y gestionar los contenidos de su propiedad.

domingo, 31 de enero de 2010

Sobre editores y e-ditores (Capítulo 2)

Tengo la sensación de que para el común de los mortales, los editores somos unos seres que vivimos ajenos a la realidad. La edición suele considerarse como un magnífico escaparate de excentricidades. Y la verdad es que, en ocasiones, no les falta razón. Lamentablemente, la arrogancia es uno de los elementos esenciales de la artillería de un editor.
La magia de editar tiene dos vertientes bien diferenciadas. Por un lado consiste en presentar en sociedad una obra que ya ha sido creada por un autor. Por el otro, existe otro tipo de edición, tal vez menos conocida, consistente en crear una obra de la nada por iniciativa y bajo la coordinación de una persona natural o jurídica que la edita y divulga bajo su nombre. Sea cual sea el tipo de edición, el editor ha de arremangarse y adaptarse a las formas existentes sin forzarlas, resaltando lo que mejor haya en ellas y dejando que se diluyan en el olvido sus imperfecciones. Y todo ello sin que se note, pasando completamente desapercibido: siendo, en la mayoría de los casos, invisible. Ya lo dijo en su día Alberto Manguel: “Gane lo que gane un editor, probablemente nunca será suficiente para el inacabable e ingrato proceso de revisión.”

Vaya lata ser editor. Además de cobrar 10 veces menos (en el mejor de los casos) que un controlador aéreo eres una de las personas más odiadas del planeta. Lo crean o no, ser editor conlleva una mezcla de talento y criterio. Nadie puede enseñar el talento, pero con entrenamiento y apoyo adecuado se puede mejorar el criterio.
Es cierto que los editores nos miramos demasiado el ombligo. Pero, no es menos cierto que existe otra raza de e-ditores que intentan abrirse camino en el sector. E-ditores que se han tomado en serio su oficio. Para ello, además de conocer a fondo el sector, saben interpretar el estado contable de una empresa, conocen técnicas de mercadotecnia y, ante el desconocido contexto que se presenta, saben moverse con soltura en la nueva tecnología digital.


Miremos al futuro y, como diría Vicente Verdú, no sigamos el ejemplo de los políticos a los que les vale cambiar el nombre de un curso para así hacer creer a los ciudadanos que se están tomando en serio la actualización de la enseñanza. “Hace llorar que todos nosotros, ilustrados en la divinidad del libro y sus correspondientes arcángeles, nos obstinemos en que todo el futuro deba parecerse, en cuerpo y alma, a nuestra aún amada descomposición”. Cambiar o hablar de cuatro cosas que nos hagan ponernos de nuevo en el cartel no nos va a salvar del hundimiento de la gratuidad.
No olvidemos que el sector editorial representa la sociedad del conocimiento frente a la sociedad de la información. Los datos en sí mismos constituyen información, pero sólo con la aplicación del talento y el criterio de un e-ditor adquirirán el nivel de conocimiento.

jueves, 28 de enero de 2010

¿Quién me recomendará un ebook?

A la coleccion de grandes catástrofes causadas por el libro electrónico (y ya previstas por los mayas) para el 2012 (desaparición de los libros en papel, extinción de los editores, perdida del hábito de lectura en la juventud y colapso de la industria editorial en general) parece que hay que añadir también la desaparición de las librerías y, en particular, la charla con el librero prescriptor.

Personalmente, creo que los libreros especializados que hayan sobrevivido hasta hoy están aportando algún valor a sus clientes y seguirán donde están. El argumento de que todos desaparecerán, al igual que las tiendas de discos, pasa por alto la diferencia entre música y libros. Mientras que la música se escucha igual en CD o en mp3, la lectura un ebook es una experiencia distintas a la lectura en papel, y cada soporte encontrará su canal.

Tampoco creo que los ebooks vayan a venderse en las librerías como se ha intentado, pero ¿perderán por esto los lectores de ebooks consejos para comprar su próximo libro?

Los lectores (de cualquier soporte) van a disponer de muchas más fuentes de información. Además de las recomendaciones en las propias librerías on-line (aquí Amazon, por tamaño, es un referente) existen un número creciente de redes sociales de lectura. Entre las más conocidas encontramos Librarything, que afirma tener 900.000 usuarios,  Goodreads, que dice que contiene 78.000.000 libros, o Shelfari, el más utilizado por los bloggers. En Ediciona podeis encontrar una lista de redes en castellano.


Los lectores de ebooks tendrán algunas ventajas adicionales, como compartir anotaciones en los libros con otros usuarios. Mirad el video de presentación de la plataforma The Copia porque contiene ideas francamente interesantes.

El riesgo no van a ser que nadie nos aconseje. A lo que habrá que estar atentos es a la integración vertical de sistemas cerrados (tienda + red social + lector), que dejarán atrapados a los lectores en compartimentos estancos. El nuevo iPad de Apple se acaba de incorporar a esta carrera...


lunes, 25 de enero de 2010

Sobre editores y e-ditores (capítulo 1)

Para el horóscopo chino 2010 es el Año del tigre. La ONU, por su parte, lo ha declarado el Año Internacional de la Diversidad Biológica y del Acercamiento de las Culturas. Según Bernardo Hernández, director mundial de producto de Google, 2010 es el año del libro electrónico…, otra vez. ¿Les suena? No sé qué pensarán mis improbables lectores pero algo comienza a oler a podrido en el reino de Dinamarca. A lo mejor resulta que el libro electrónico es una de las claves del anteproyecto de ley de economía sostenible y aún no nos hemos enterado.Desde hace tiempo tengo la extraña sensación de que el debate abierto sobre la edición electrónica aún no ha acabado de centrarse correctamente. Parece ser que los tan traídos y llevados cambios en la industria del libro hacen referencia a tres pilares: la tecnología, los contenidos y los modelos de negocio. Hasta ahora se ha hablado mucho sobre tecnología (e-readers y formatos de publicacion) y nuevos modelos de negocio (diversas plataformas de venta formadas por librerías y grupos editoriales), pero de los contenidos nadie o casi nadie ha hablado en serio. Bueno, mejor dicho, sí que se habla mucho de ellos pero sólo en lo referente al dichoso formato de los mismos: PDF o EPUB, entre otros. Pero, ¿quién hace posible que los contenidos sean legibles independientemente de su formato? A estas alturas de la película, a lo mejor todavía hay alguien que piensa que los e-books se harán solos. Claro –se dirán algunos avispados–, primero fueron las tablillas de arcilla, después los rollos de papiro, luego el papel y, ahora, la tinta electrónica. Están muy equivocados si piensan que se tratará de un simple cambio de formato y listo.
Ya hace años que se produjo un importante cambio en el sector editorial con la aparición, a mediados de la década de 1990, de los denominados editores multimedia. Estos nuevos e-ditores son profesionales que trabajan a caballo entre la edición tradicional y la gestión de bases de datos. Su trabajo ha sido determinante durante el cambio de siglo para la evolución del sector pero, lamentablemente, su trabajo ha sido invisible. Creo que está en sus manos liderar la transición del libro pretecnológico al libro digital, puesto que nadie mejor que ellos conoce lo mejor de ambos mundos.

Así las cosas, en esta época tan cambiante, el grupo editorial que se lleve el gato al agua será aquel que además de tener editores capaces de producir contenidos editoriales en grandes cantidades, tengan sobre todo el conocimiento acumulado suficiente como para transformar los productos individuales en un exclusivo plato que los consumidores quieran saborear frente al resto de ofertas de la competencia.

jueves, 21 de enero de 2010

De las firmas de autores en los libros electrónicos

Entre los temas por resolver para el libro electrónico del futuro tenemos aún el de las firmas de autores. No querríamos que nuestros queridos dispositivos digitales nos priven por Sant Jordi de esas entrañables colas, por lo que hemos investigado el estado de la cuestión.
La solución actual parece pasar por firmar con el rotulador la parte trasera, si es de color claro como en el Kindle. En el New York Times mencionaban algún ejemplo hace unos meses.



Pero la superficie de un ebook es pequeña y a todas luces insuficiente para el número de autores que puede almacenar su memoria, por lo que algún editor digital visionario está ya avanzando en el tema. En este blog vinculado a la tienda de comics Forbiden Planet se proponen tapas de vinilo coleccionables. Puede ser una buena solución: se trataría de comprar cada Sant Jordi una tapa diferente, con un diseño nuevo, y salir a la caza de firmas hasta llenarla.




Otra cosa va a ser que los libreros te permitan ponerte en su cola con el libro electrónico en lugar de proponerte amablemente que vayas a buscar la firma, por ejemplo, a Amazon (1516 2nd Ave., Seattle, USA)... a no ser que hayas comprado al menos la fundita en la librería.