viernes, 15 de octubre de 2010
De qué hablamos cuando hablamos de comprar libros en la nube
Hasta ahora comprar algo en Internet - un viaje, un libro - puede ser un proceso complicado pero tiene una ventaja: es inequívoco. Sabes lo que estás comprando.
Esto parece una obviedad, pero no lo es en el mundo de los "libros en la nube". Nuestro interlocutor nos ha mostrado lo sencillo que es realizar la compra y entonces ha añadido una frase inquietante: "Veamos que es lo que el usuario acaba de comprar".
¿Cómo? ¿no estaba comprando un libro? Comprar un ebook será realmente fácil y lo difícil va a ser ¡entender que cosa acabo de comprar!
En realidad estoy comprando el derecho a acceder a un libro que se almacena en "la nube" (en los servidores de Google), al que podré acceder desde casi cualquier dispositivo conectado a internet (ordenadores, iPad, tablets, iPhones, teléfonos Android, etc.).
Con este modelo se abren un buen número de oportunidades. Se me ocurre poder comprar un libro que se actualiza periódicamente, o un libro que aún no está terminado, o un libro por capítulos, o solicitar un determinado desenlace en una novela, o alquilar un libro de texto durante un curso, o decidir si quiero o no ilustraciones en el libro, ...
Seguro que podéis imaginar más variantes de libros... ¿...o ya no debemos llamarlos libros?
lunes, 20 de septiembre de 2010
Good By, Bruguera!
Mi infancia y la de otros muchos niños de varias generaciones transcurrió con los tebeos de Bruguera. Sus páginas alimentaron mi ilusión y fantasía haciéndome olvidar la España en blanco y negro en la que crecí. La editorial barcelonesa fue una fábrica de viñetas a través de cuyas ventanitas podíamos ver pasar la vida de la casposa sociedad española de las décadas de 1960 y 1970. Publicaciones como Tío Vivo, DDT, Magos del Humor, Pulgarcito, El Capitán Trueno o Jabato, sin olvidarnos de Historias Selección, Joyas Literarias Juveniles o Bolsilibros, supieron transmitir el gusto por la lectura a las clases más populares de la sociedad española.En la actualidad el cómic se ha convertido en algo más elitista ya que, en mi opinión, está enfocado a un público más adulto. Es cierto que el tiempo de los jóvenes es ahora más limitado. Además, hoy en día hay mucha más competencia: la televisión, las videoconsolas o Internet en sus diversas fórmulas de consumo. No obstante, editoriales estadounidenses especializadas en cómic como Marvel, DC Comics o Image Comics han sabido ponerse al día y ya disponen de aplicaciones para disfrutar de las aventuras de sus superhéroes a través de iPhone o iPad. Asimismo, recientemente han aparecido nuevas iniciativas como la de Izneo, plataforma francesa especializada en la venta de cómics en formato digital que permite su alquiler on-line.
¿Qué ha sucedido en España? ¿Por qué no hemos sabido adaptar ese patrimonio cultural a las nuevas tecnologías? Si algo me gustaba de Bruguera era la capacidad de actualizar sus personajes a lo que acontecía en el día a día. Recuerdo historietas como El atasco de influencias en la que se hablaba del tráfico de influencias entre familiares de la clase política española. Está claro que mis héroes de la infancia no llegarán a ver esa dulce convivencia del papel y el bit de la que algunos medios hablan. Me tendré que conformar con la reedición de los mismos a través de coleccionables. Menos da una piedra.viernes, 13 de agosto de 2010
Leer o no leer, esa es la cuestión
Tal y como pone de manifiesto el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros publicado por la Federación de Gremios de Editores de España, los jóvenes no leen precisamente poco. El problema es qué, dónde y cómo leen. Según el mencionado informe el 97,3% de los jóvenes entre 14 y 24 años lee habitualmente y, de ese porcentaje, el 81,2% lee en formato digital. ¡Qué pasada!, ¿no? Pues aclaremos el concepto leer porque no es precisamente lo que mis improbables lectores se estarán imaginando. Estos datos incluyen, aparte de la lectura que podríamos denominar convencional, la lectura en formato digital de webs, blogs, foros, revistas y periódicos. Cuando hablamos de leer, lo que se dice leer, y sobre todo, de comprar libros es otro cantar. Ante este panorama, ¿de verdad somos tan ilusos como para creer que nuestros hijos leerán libros que hayan comprado previamente en plataformas como Todoebook, Grammata, Leer-e, Amazon o Libranda? El problema tiene bastante más calado del que parece. Lo realmente penoso es que algunos pretendan ver el problema en si Libranda sólo vende libros en formato epub, o si su DRM de Adobe no permite la lectura en dispositivos iphone o ipad.Juntos, instituciones, organismos, asociaciones y editores, deberíamos ponernos manos a la obra y dejar de asustar a la ciudadanía con mensajes apocalípticos sobre el futuro de la cultura. En vez de eso deberíamos dedicar más esfuerzos a educar en la lectura. Leer, ya sea por placer o por obligación, de eso se trata. Nunca he creído en la vida eterna, pero si hay algo por lo que me gustaría vivir para siempre es para poder estar leyendo todo el santo día.
lunes, 14 de junio de 2010
El cambio de paradigma
En la escuela nos enseñaron una interpretación del mundo que, me atrevería a decir, por primera vez en la historia está haciendo aguas. Nos educaron con consignas en las que se nos recordaba que éramos los herederos de la promesa. “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.” (Romanos 4:13). Cuántas mentiras. La historia no es otra cosa que una sucesión de presentes que siempre acaban regresando. Por primera vez estamos en pelotas. Esta vez nada de lo aprendido con la experiencia nos servirá para salir del atolladero ¿Se dejaría usted operar del ojo que le queda por el mismo cirujano que le dejó ciego del primero? No sé usted, pero yo lo tengo claro.
Vaya panorama, ¿no? He de confesar que superado el ataque de pánico inicial, por primera vez en mi vida me he sentido libre de referencias atávicas. Por primera vez no cuento con un manual de instrucciones que seguir. No sé que piensa usted, improbable lector, pero a mí lejos de amedrentarme la incertidumbre me sube la bilirrubina hasta donde hace veranos que no me subía. Éste es el momento de romper todos los libros de estilo y comenzar de nuevo. ¿Tiene sentido en un ebook, por ejemplo, el control de viudas y huérfanas en un entorno en el que el lector puede variar el tamaño de letra a su antojo? Y como éste un motón de axiomas que se desmoronan como la arena de playa entre los dedos. Inventemos, pues, ahora es el momento. Por mucho que la “caguemos” las cosas no se pondrán mucho peor de los que están.Es por esto que no dejan de sorprenderme las declaraciones realizadas por Barack Obama sobre los efectos perniciosos de las nuevas tecnologías. Un político, no lo olvidemos, cuya campaña electoral se basó precisamente en el impacto de los nuevos recursos que ofrecía Internet: "Con los iPods, iPads, Xbox y PlayStation, que ignoro cómo funcionan, la información se convierte en una distracción, en una forma de diversión más que en una herramienta de emancipación intelectual.” Leer cosas como éstas despiertan mi lado más pedagógico, al tiempo que aumentan de una forma directamente proporcional mi mala leche. Ahora más que nunca los maestros deben ser artistas de la comunicación. Como diría el investigador Alejandro Piscitelli: “La educación debe convertirse en industria del deseo si quiere ser industria del conocimiento.”
jueves, 27 de mayo de 2010
La perdición del libro está en su préstamo
Desde entonces he estado consultando a verdaderos expertos en el arte de prestar libros, y todos ellos han coincidido con mi parecer sobre la pregunta que abría el presente post. En realidad, un libro pretecnológico sólo se puede prestar una vez. Todos hemos coincidido en el bajo porcentaje de posibilidades que tienes de poder prestarlo una segunda ocasión, e improbable el hecho de prestarlo por tercera vez. En el mundo del libro hay un axioma claro: un libro, una vez que lo has prestado no le vuelves a ver el pelo.
Es más, una vez leí un cuento que relataba la historia de un hombre residente en la India que había fundado una enorme biblioteca.
–¿Cómo creó usted esta biblioteca?" –le preguntaron.
–Con los libros que la gente me ha prestado –respondió.
–¿Cómo es esto? –exclamó interesado su interlocutor.
–Tengo por costumbre no devolver ninguno de los libros que me prestan. Así es como he sido capaz de crear esta biblioteca –insistió.
–¿Pero no tiene Usted remordimientos por los libros que no ha devuelto?
–¿Remordimientos?, el que presta sus libros está loco. Y quien los devuelve está aún más loco que él.
He de decir que hace un par de semanas mi vida cambió. Caí del caballo como Saulo camino de Damasco. Leí estremecido que Libranda, la plataforma liderada por Planeta, Random House Mondadori y Santillana había decidido delimitar el número de copias que se pudieran hacer de un libro a seis. Es decir, el usuario que compre un título podrá prestarlo hasta seis veces. Por su parte, el usuario que haya recibido un libro electrónico en préstamo no podrá prestarlo. En aquel instante, lo primero que me vino a la cabeza fue la teoría de los seis grados de separación que establece que una persona puede estar relacionada con cualquier otra en el mundo a través de una cadena de conocidos de sólo seis pasos. Vaya, pensé, qué considerados. ¿Quién dijo que el placer de la lectura era una práctica onanista? Mira por dónde. Además de enriquecerte culturalmente, o no, Libranda te garantiza, con el permiso de las redes sociales, ampliar tus contactos y confirmar que el mundo es un pañuelo. Como diría mi idolatrada Rosa Villacastín: “Cultivar la amistad ayuda a vivir plenamente la madurez”.Desde aquí quisiera dar las gracias a los pensadores de Libranda por ayudar a los lectores a no seguir perdiendo libros y, por extensión, amigos. He de reconocer que, en mi opinión, ésta es la más importante novedad que ha aportado el libro electrónico en su corta vida. A partir de ahora tendremos seis intentos para no perder los libros que prestamos a nuestros presuntos amigos. Sólo por eso he de decir bien alto que les prometo fidelidad absoluta. Queda dicho.
domingo, 16 de mayo de 2010
¿Es un libro la suma de sus capítulos?
Independientemente de la materia, la diferencia entre ambos es básicamente de actitud ante el hecho de la lectura. El “lector especialista” no es un lector normal. Por norma general se acerca a un libro con el afán de profundizar sobre el significado de algo que desconoce. Por utilizar un símil cinegético, en primer lugar hace las veces de un ojeador que busca su pieza: no lee ordenadamente, sino que lee a salto de mata tratando de capturar la información que necesita. Por otra parte, no es un lector pasivo como el literario, sino que es un cazador activo de conocimiento. Por tanto, es obligación del editor facilitar la autonomía del lector para que lea lo que quiera, cuando quiera y donde quiera.

Pensando en un mercado en el que la piratería digital afecta fundamentalmente al libro técnico y universitario, no sé si es muy arriesgado proponer desde aquí un concepto de edición ortopédica, aunque tal como está el patio igual no resulta tan descabellado como parece. La realidad es que España está a la cabeza de los países de la Unión Europea en cuanto a descargas ilegales de contenidos culturales. Lo que supone unas pérdidas totales de la industria española de 1.400 millones de euros. Es evidente que hay libros que son algo más que la suma de sus capítulos, y esto debe ser respetado, pero ¿qué pasa con el resto? Con el libro técnico y universitario, por ejemplo. Si nos ceñimos al mercado de las obras de referencia es evidente que las partes de un libro coexisten dentro de una misma encuadernación, pero cada parte sigue teniendo sentido fuera del todo.
Al igual que existen grandes libros, también hay grandes rutas como el camino de Santiago que mantienen la entidad gracias a la totalidad de su recorrido. A pesar de ello, nada nos impide poder hacer un día una excursión de León a Astorga y sentirnos como un peregrino que ha realizado la ruta al completo. En otras palabras, ¿qué nos impide vender determinados tipos de libros por capítulos? Sé que puede parecer un concepto casi culinario: la descontrucción de la edición. ¿Por qué no? En tiempos de guerra cualquier agujero es una trinchera.
lunes, 10 de mayo de 2010
Atrapado en el tiempo
En el sueño me veía obligado a repetir, una y otra vez, el mismo día de mi vida. 9:00 a.m. Reunión con mi director editorial. Tengo un encargo para ti. ¿Crees que podríamos publicar en CD-ROM esta colección que tenemos en papel? He oído que este formato es el futuro. Perfecto, prueba superada. 12:00 p.m. ¿Podrías imaginar ahora qué deberíamos hacer para aderezarla un poco y ofrecerla en DVD-ROM. ¡Eh!, no te despistes, ¿sería posible hacer también una versión on-line para mantenerla siempre actualizada?, ¿y en tinta electrónica? ¿Cómo que en qué formato? Tú mismo. 16:00 p.m. De paso, no olvides estudiar la forma de poder trocearla para venderla en la Appstore para iPhone. 18:00 p.m. Cuidado, ten en cuenta que a partir del 28 de mayo se empieza a vender el iPad en España. ¿Tienes previsto ya cómo la vamos a adaptar?
En ese momento agradecí que mi vecino ronque como un hotentote y me desperté entre dudas y sudores fríos. Al soñar con mi futuro vi, como en un retablo gótico, el trabajo de mis quince últimos años de vida laboral. Tal como hizo Bill Murray en Atrapado en el tiempo repetí entre balbuceos aquella memorable frase: "puede que no haya mañana. Hoy no lo hubo." Lo cierto es que llevamos haciendo lo mismo desde hace década y media. Primero fue el prehistórico CD-ROM y ahora es el intuitivo iPad. Lo tratamos todo como si el salto de la edición pretecnológica a la digital fuera tan sencillo como pasar de una edición en tapa dura a otra de bolsillo. Pensamos que un libro se convierte en digital con una simple imposición de dígitos, perdón, quise decir de manos. Parémonos un momento a reflexionar: no basta sólo con trasladar los contenidos de un formato a otro, primero deberíamos intentar entender qué ofrece de novedoso el formato recién nacido. En fin, aunque ya sea un poco tarde, pido disculpas a mis lectores por el cabreo pero esto es lo que tiene haber dormido regulín.
lunes, 26 de abril de 2010
La transformación de los contenidos para el editor y el profesor
Buenas tardes.
La etimología de la palabra “editar” procede del verbo latino “edere” que significa ‘engendrar la vida’. Por su parte, la de “educar” viene de “educare”, cuyo significado es ‘sacar afuera, criar, cultivar’. Hasta el momento de preparar la presente introducción no me había dado cuenta de lo ligado que iba el destino de los editores y los profesores.
Para los que no estén familiarizados con el mundo de la edición, editar es embarcarte en un viaje sin retorno. Al editar se sabe de dónde partes, con quién viajas, qué medio de transporte utilizas, pero aunque sepamos dónde queremos ir no siempre se llega donde teníamos pensado. Creo que ahí reside la magia de este oficio, y es que cada día nos reinventamos a nosotros mismos engendrando nuevas oportunidades. Personalmente, como editor me siento en cada proyecto que me embarco como el Caronte pintado por Joachim Patinir en El paso de la laguna Estigia; nunca sabremos a qué punto de la orilla se dirige su barca llevando el alma del difunto. Lo único que tengo claro es que, sea como sea, el futuro siempre está más allá, al otro lado. En resumen, creo que editar es avanzar, es contribuir a que los ciudadanos sean cada día mejores y más críticos.
¿Acaso no es lo mismo que educar? Cada mañana cuando dejo a mi hija en la escuela me imagino a su profesor remando como ese Caronte sin saber si se dirige al Paraíso de los Bienaventurados, o hacia los resplandores flameantes del infierno. Lo fascinante de educar consiste en sacar a la luz lo mejor que cada persona lleva dentro. Adaptándose a las formas existentes sin doblegarlas, pero resaltando lo que mejor haya en ellas, dejando que se diluyan en el olvido las imperfecciones. El profesor, al igual que hace el pintor, casi nunca emplea colores puros, sino que los mezcla en la paleta hasta lograr un resultado final lleno de personalidad. Ese es su gran reto, que los escolares del siglo XXI abandonen la escuela habiendo aprendido a aprender y, sobre todo, a pensar.
A estas alturas de la jornada me sigo preguntando si editar y educar es realmente tan diferente. Las herramientas empleadas en la edición actual poco o nada tiene que ver con la que se realizaba hace una década y, en determinados ámbitos, casi nada con el método que se utilizaban, sin ir más lejos, hace un año. El trabajo del editor consiste, básicamente, en convertir las ideas en algo tangible: en una realidad a la que llamamos libro, tenga el formato que tenga. Dichas ideas siempre surgen de una necesidad: ya sea del público, en forma de lector, alumno en este caso, o bien, de las propias editoriales. Actualmente, el editor que quiera sobrevivir a un entorno tan cambiante ha de estar preparado para gestionar el conocimiento. Esto, que parece tan sencillo de decir, significa que ha de procurar facilitar el acceso del lector a los contenidos, intentar ser una brújula dentro del exceso de información reinante y, sobre todo, favorecer su reutilización en diferentes ámbitos. El editor ha de ponerse en el lugar del usuario final, y en cómo éste buscará en una obra la información que desea. El verdadero reto del nuevo editor está en cómo organizar y tratar el conocimiento para convertir el texto en hipertexto.Por su parte, al profesor de hoy en día no le basta con enseñar conocimientos. Todos sabemos que lo que se aprende en la escuela poco o nada tendrá que ver con los problemas concretos que los jóvenes deberán afrontar en el futuro. Antes se pensaba que lo que se aprendía en la escuela te servía para toda la vida, pero todo cambia a una velocidad de vértigo. La escuela tiene que adaptarse a las nuevas herramientas de aprendizaje que ayuden a los alumnos a navegar dentro de un abrumante entorno sobrecargado de información. Ahora es el momento de hacer hincapié en enseñar competencias, en definitiva, en enseñar que además de aprender contenidos los alumnos han de aprender a aprender. O, lo que es lo mismo, enseñar a acceder a los alumnos al conocimiento. Algo que tiene que ver con lo que antiguamente denominábamos sentido común.
El vertiginoso ritmo de cambios de la sociedad actual exige aprendices permanentes. Me viene a la memoria el concepto de “vida líquida” desarrollado por el filósofo polaco Zygmunt Bauman. El tiempo que nos ha tocado vivir es un tiempo líquido en el que ya no hay valores sólidos sino volubles. Los modelos y estructuras sociales no mantienen durante mucho tiempo una misma forma. En resumen, nuestros días discurren en una constante incertidumbre.
El papel del editor se diluye, adoptando éste en muchas ocasiones el papel de autor, ofreciendo contenidos anónimos bajo la figura de obra colectiva. El profesor se convierte en editor pasando a seleccionar y crear los contenidos que considera necesarios para realizar su trabajo. El autor por su parte, prefiere actuar como distribuidor y ofrecer sus obras directamente al público, sin pasar por el corsé de las editoriales.
Éste es el nuevo contexto en el que nos movemos, un entorno en el que cada uno de los actores juega a representar el papel que no le corresponde. A veces tengo la sensación de estar jugando a las sillas musicales donde, mientras la música suena, los participantes están deseosos de ocupar la silla de su compañero de juego.
Tanto los editores como los profesores solemos olvidarnos del valor del papel que jugamos en la sociedad. En ambos casos hemos de aprender a gestionar correctamente nuestra reputación. Gracias al trabajo de los primeros las editoriales aportan un valor añadido como marchamo de calidad. Un libro publicado en un sello editorial, sea el que sea, implica que un editor creyó que valía la pena invertir en algo costoso de producir y aún más difícil de vender. Hasta hace no demasiado tiempo las editoriales se sentían orgullosas de lo que publicaban, ahora, ellas mismas se infravaloran. Si algo hemos de tener claro los editores es que hemos de generar contenidos, no información perecedera. Es decir, contenidos que representen conocimiento basado en el rigor y la atemporalidad.
Si los editores hemos visto cuestionada nuestra reputación qué decir de los profesores. Éstos se han visto abocados a una pérdida paulatina de su autoridad en el aula. Si los editores somos capaces de ofrecer al profesor contenidos adaptados tanto a las nuevas tecnologías como al lenguaje de los alumnos, podremos contribuir a que los profesores recuperen la autoridad perdida en el aula. Es decir que vuelva a respetarse el poder que tiene el docente tanto por el cargo que ocupa como por los conocimientos que posee.
Sin ningún lugar a dudas estamos asistiendo a un cambio de modelo social. Tal como plantea el historiador venezolano Víctor Bravo, a lo largo de la historia se han producido importantes transformaciones en la estructura del conocimiento. En las culturas orales predominaba la sabiduría. Ésta era detentada por los ancianos, poseedores de la memoria. Posteriormente, en las sociedades con escritura el papel de los ancianos fue asumido por el editor. Su valor fundamental consistía en transformar la sabiduría en conocimiento y, al igual que en el pasado hacían los ancianos, transmitirlo al resto de sus congéneres. En la sociedad actual el leit motiv ha pasado a ser la información, desdibujándose el sentido del papel del editor. Cualquiera es capaz de comunicar información, unos pocos menos conocimiento y, menos aún los capaces de transmitir sabiduría. Hoy en día, el libro ya no es considerado el emblema del saber y el conocimiento. Lamentablemente, el sector editorial que representaba en sí mismo el mundo del conocimiento ha dejado paso a otro mundo, el de la información.
¿Tendría razón el enciclopedista Condorcet cuando soñaba con textos sin autor que circularan libremente, como la mejor forma de difundir el conocimiento? La realidad es que nos movemos en un mundo en el que el 80% de los contenidos que hay publicados en la web han sido generados por los propios internautas en los que no se ha llevado a cabo ningún tipo de edición. A sabiendas de que la publicación masiva no implica la profesionalización de la masa, ahora más que nunca, editores y profesores deberíamos ir de la mano para intentar evitar que el aprendizaje siga basándose en la imitación y la repetición. Hemos de fijar nuestro esfuerzo en desarrollar herramientas que nos ayuden a detectar plagios, y a indexar materiales ya publicados con el fin de poder reutilizarlos en las aulas. Los primeros hemos de intentar difundir conocimiento y los segundos en transmitir sabiduría. De este modo podemos trabajar juntos para que la edición digital contribuya a aportar calidad frente a la cantidad de información existente.
Muchas gracias y buenas tardes.
sábado, 24 de abril de 2010
Resumen del debate sobre el libro de texto digital
A mi me tocó moderar la mesa sobre la transformación de la industria de contenidos, en la que estaba presente una completa muestra del sector: las editoriales de texto (Marta Bonet, resposable de contenidos digitales de Santillana y José Moyano, presidente de ANELE), una editorial "nativa digital" (Héctor Ruíz, director general de DigitalText), un proveedor de servicios de distribución (Luís Mulero, co-fundador de Virtus360) y un analista del sector (Fco. Javier Jiménez, co-autor del blog ParadigmaLibro).
El resto de mesas estaba formada principalmente por representantes de la administración y por docentes. Si con las mesas separadas por "sectores" (administración, industria, docentes), el debate fue interesante, imaginaros que puede pasar cuando los organizadores los mezclen. Probablemente saltarán chispas, pero, al mismo tiempo, empezarán a surgir soluciones. En el debate sobre la incorporación de las TIC en la educación se echan de menos más discursos "transversales".
Ya os avisaremos cuando se publiquen el resto de videos. De momento, no perdais de vista el blog de las jornadas porque la intención del gabinete es continuar el debate constituyendo "una red de profesionales, docentes e investigadores que de forma permanente reflexione sobre los retos y las posibilidades del libro de texto digital".
miércoles, 14 de abril de 2010
Acompáñanos a la jornada "El repte del llibre de text digital" el 21 de abril
En esta jornada participará el equipo de Editobits "al completo": Jose Cruz introducirá el tema en la mesa redonda "El futuro de los servicios de contenidos digitales. La transformación de los contenidos para los editores y el profesor" y Ricard moderará la mesa "De las editoriales a las e-ditoriales. La transformación en la industria de contenidos".
Hay dos mesas más: "El futur dels llibres digitals en el contexte educatiu", presentada por José Manuel Pérez Tornero, y "Els llibres digitals a l'escola: innovacio e-ducativa? La transformació de l'educació", moderada por Mireia Pi y presentada por Ferran Ruiz. Consultad la lista completa de ponentes porque es muy interesante.
Podeis encontrar más información en el blog de la jornada. La asistencia es gratuita y la organización nos ha comentado que ya han recibido 170 inscripciones. Se realizará en el Cibernárium.
martes, 13 de abril de 2010
Adaptarse o morir
En 1943 el sicólogo estadounidense Abraham Maslow formuló una jerarquía de necesidades humanas en la que, según su parecer, conforme se satisfacían las necesidades de supervivencia, los seres humanos desarrollaban necesidades y deseos de crecimiento personal. La idea básica de esta clasificación se plasmaba en una pirámide en la que las necesidades más altas ocupaban nuestra atención sólo cuando se habían satisfecho las necesidades inferiores.

Los editores pasamos nuestros días entre autores visionarios, tecnólogos románticos y libreros ilustrados. Hasta la fecha, desde un sector tan egocéntrico como el editorial únicamente nos hemos cuestionado preguntas relacionadas con nosotros mismos: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y, sobre todo, ¿a dónde vamos? Es decir, nos hemos centrado en fuerzas regresivas que empujan nuestras inquietudes hacia las necesidades más básicas de la parte inferior de la pirámide. Dentro de la fiesta que supone la edición digital los editores nos hemos comportado como el invitado que llega tarde a la misma e intenta ponerse a tono lo más rápidamente posible para no desentonar, sin preocuparle lo más mínimo qué es lo que se celebra.
En mi opinión, el futuro de la e-dición gira alrededor de una palabra clave: Reconversión. La experiencia me dice que la verdadera revolución es la que empieza por uno mismo. Parafraseando al trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy
jueves, 18 de marzo de 2010
Sobre derechos: descubrir el arte del siglo XX gracias a los ebooks
Ahora id a la versión americana de la entrada. Sorprendentemente, ilustra la entrada de Picasso con obras de un tal Pablo Picasso (ni rastro del Señor de Orgaz ni de la Dama de Elche). Por lo visto, su derecho de cita opina que es bueno que los estudiantes vean las obras, mientras que el nuestro, más exigente, apuesta por conocerlas a través de la lectura.
Si quereis editar una obra en la que estén incluidos artistas del s.XX debeis abonar los derechos correspondientes. Puede ocurrir que estos derechos se paguen por cada mes de presencia on-line, lo que dificulta enormemente preveer el coste de un proyecto. Hay que pagar incluso para utilizarlas en obras educativas de acceso abierto.
En algunas ocasiones los editores optan por no incluir obras de artistas recientes y se produce lo que algunos han llamado el "apagón de contenidos del s. XX".
De aquí mi sorpresa cuando vi una aplicación de arte para iPhone con una base de datos de pintores bastante completa por 0,79€. En los créditos avisaban que utilizan imágenes del dominio público, pero entonces, ¿como ilustran Picasso?
El ebook permite no ilustrarlo. Las entradas de autores sujetos a derechos no incluyen sus obras pero añaden links a sites donde pueden encuentrarse. Para el lector digital no hay diferencia entre ver una obra dentro o fuera de la aplicación. Como además un botón permite descargarlas e incorporarlas a la entrada, no sólo tengo ya las obras de Picasso sino que además la personalizo con mis favoritas.
¿Acabarán nuestros escolares estudiando el arte contemporáneo con ebooks americanos?
domingo, 14 de marzo de 2010
La edición invisible
Creo que eso es lo que nos pasa a los editores de libros de referencia. Como el resto del sector no nos ve, nosotros mismos hemos llegado a creernos que no existimos. Vamos, que somos invisibles. Representamos a la perfección la definición que James Joyce daba de fantasma: “¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia o por cambio de costumbres.”Editar (bits o átomos) en España es llorar aunque, también en este caso, algunos lloremos más que otros. En un oficio en el que tanto se lleva la arrogancia, el éxito y el protagonismo van ligados al de la visibilidad de nuestro catálogo. Los editores que nos dedicamos a un tipo de publicaciones que no suelen aparecer en los suplementos culturales ni merecemos una triste reseña por nuestras obras, seguimos siendo fundamentales no sólo para el sector editorial, sino también para el cultural. Aunque parezcamos invisibles seguimos trabajando cada día llenando metros y metros de los anaqueles físicos y virtuales de la librerías existentes en el mundo.
La obra que acabamos de publicar en Amazon pretende acercar a los lectores los procesos actuales de creación de contenidos: tal vez el concepto más básico y, por contra, el menos estudiado de la edición. La edición de libros de referencia pasa, por norma general, absolutamente desapercibida. En el panorama actual del sector, el trabajo del editor cobra más importancia en función del protagonismo de éste, y en el caso del editor de contenidos, suele ser invisible. Parafraseando a George Orwell, todos los editores son iguales, pero lamentablemente algunos son más iguales que otros.
Por si no disponéis de un dispositivo de lectura Kindle y estáis ansiosos por leer “La edición invisible” también podéis encontrar el libro aquí.
domingo, 21 de febrero de 2010
La edición en los tiempos del cólera
No digo nada nuevo si insisto en la idea de que no corren buenos tiempos para la edición, ya sea en forma de libro pretecnológico o electrónico. El primero será engullido por el segundo, dicen, y el segundo morirá víctima de su propio ego devorado por la piratería, aseguro.Qué nos queda, pues. Resistir de forma heroica, como lo hemos hecho en otras ocasiones. Recurrir a la resilencia, esa casi desconocida capacidad humana de encajar, resistir y superar las adversidades. La palabra proviene del latín resilere y aplicada a la sicología tiene que ver con la resistencia y adaptación del ser humano. Decía Charles Darwin que no son los más fuertes ni los más inteligentes de la especie los que sobreviven, sino los más flexibles y adaptables a los cambios.
En mi devocionario particular siempre he tenido un santo protector. No es otro que sir Ernest Shackleton. En 1914 este explorador británico de origen irlandés se embarcó en el Endurance junto con su equipo de marineros y científicos con la intención de atravesar la Antártida a pie. La crónica de su viaje representa en sí misma una historia sin igual en los anales de la supervivencia: el barco destrozado por la presión de los hielos, la tripulación abandonada a su suerte, el hambre y el desánimo, al límite de la capacidad humana.
Sin embargo, día tras día de esta angustiosa aventura, Shackleton guió a su equipo dando pruebas de ánimo, creatividad y perspicacia inigualables. Su actuación ofrece una lección de liderazgo de especial valor para el sector editorial, donde la competencia salvaje, los cambios rápidos y la constante demanda de innovación nos empuja a una brutal lucha por la supervivencia.Sesudos estudios científicos aseguran que la resilencia es superior entre las mujeres que entre los hombres. A lo mejor viene de ahí el mayoritario predominio del sexo femenino en el sector editorial. Bromas aparte, creo que el próximo Sant Jordi me autorregalaré el nuevo libro del siquiatra Luis Rojas Marcos, Superar la adversidad. Como mis improbables lectores imaginarán no disponible en versión electrónica, aunque puede que se lo regalen gratis por la compra de tres bragas. No miraré en emule por si acaso, esta noche no me gustaría tener más pesadillas de las habituales.
miércoles, 10 de febrero de 2010
¿Quién ha dicho que los editores no pueden organizar conciertos?
¿Cómo pueden los editores organizar "conciertos"? Al fin y al cabo, un concierto es una audiencia dispuesta a pagar por consumir un contenido de marca…
Tim O'Reilly es el editor que lanzó el concepto de Web 2.0. En este video (está en inglés) comenta como ha generado una facturación de 15 millones de dólares anuales gracias a este concepto.
O'Reilly dice combinar tres factores: (1) la publicación de contenidos gratuitos, como su famoso artículo "Qué es la Web 2.0", combinada con un hábil uso de internet para dar una enorme difusión a su mensaje, con el que (2) supo construir una audiencia, para la que (3) comercializó eventos, de pago o esponsorizados.
En nuestro entorno Alfons Cornella transformó sus contenidos sobre innovación en servicios en Infonomia. Y cada día más autores de blogs los están utilizando para conseguir "bolos".
¿Serán capaces los editores de otros ámbitos de encontrar vías paralelas para rentabilizar sus contenidos?
domingo, 7 de febrero de 2010
Sobre editores y e-ditores (Capítulo 3)
Entonces, se preguntarán mis improbables lectores ¿no hay nada nuevo bajo el Sol de la edición? Lo cierto es que hay demasiadas novedades. Es por esto que ante tanta transformación intento establecer analogías con mis referentes pretecnológicos para encontrar puntos de anclaje firmes en este entorno digital tan cambiante. Mi conclusión es que, por mucho que digan, hablar de tecnología no deja de ser lo mismo que hablar de producción y fabricación, mientras que los nuevos modelos de negocio no serían otra cosa que el equivalente a la distribución en el ámbito del libro tradicional. Y es que no conseguirán llevarme al huerto: un e-distribuidor de libros no es un e-ditor sino un simple proveedor de un trabajo que ya ha sido creado. En esta línea recomiendo la lectura del artículo de Jonathan Galassi publicado recientemente en The New York Times.
El e-ditor o “nuevo editor”, además de todo lo anteriormente dicho, ha de estar preparado para gestionar el conocimiento. Esto significa que ha de facilitar el acceso al lector a los contenidos, intentar evitar la sensación de pérdida, y, sobre todo, favorecer la reutilización de los contenidos de un catálogo editorial. Ha de organizar y priorizar la información, sin olvidarse de buscar sinergias para la creación de nuevas propuestas editoriales. El verdadero reto del e-ditor está en cómo organizar y tratar la información para convertir el texto en hipertexto. Dentro de este contexto es crucial que las empresas comprendan la necesidad de formar adecuadamente a los editores en las nuevas tecnologías para transformarlos en e-ditores capaces de generar y gestionar los contenidos de su propiedad.domingo, 31 de enero de 2010
Sobre editores y e-ditores (Capítulo 2)
La magia de editar tiene dos vertientes bien diferenciadas. Por un lado consiste en presentar en sociedad una obra que ya ha sido creada por un autor. Por el otro, existe otro tipo de edición, tal vez menos conocida, consistente en crear una obra de la nada por iniciativa y bajo la coordinación de una persona natural o jurídica que la edita y divulga bajo su nombre. Sea cual sea el tipo de edición, el editor ha de arremangarse y adaptarse a las formas existentes sin forzarlas, resaltando lo que mejor haya en ellas y dejando que se diluyan en el olvido sus imperfecciones. Y todo ello sin que se note, pasando completamente desapercibido: siendo, en la mayoría de los casos, invisible. Ya lo dijo en su día Alberto Manguel: “Gane lo que gane un editor, probablemente nunca será suficiente para el inacabable e ingrato proceso de revisión.”
Vaya lata ser editor. Además de cobrar 10 veces menos (en el mejor de los casos) que un controlador aéreo eres una de las personas más odiadas del planeta. Lo crean o no, ser editor conlleva una mezcla de talento y criterio. Nadie puede enseñar el talento, pero con entrenamiento y apoyo adecuado se puede mejorar el criterio.
Es cierto que los editores nos miramos demasiado el ombligo. Pero, no es menos cierto que existe otra raza de e-ditores que intentan abrirse camino en el sector. E-ditores que se han tomado en serio su oficio. Para ello, además de conocer a fondo el sector, saben interpretar el estado contable de una empresa, conocen técnicas de mercadotecnia y, ante el desconocido contexto que se presenta, saben moverse con soltura en la nueva tecnología digital.
Miremos al futuro y, como diría Vicente Verdú, no sigamos el ejemplo de los políticos a los que les vale cambiar el nombre de un curso para así hacer creer a los ciudadanos que se están tomando en serio la actualización de la enseñanza. “Hace llorar que todos nosotros, ilustrados en la divinidad del libro y sus correspondientes arcángeles, nos obstinemos en que todo el futuro deba parecerse, en cuerpo y alma, a nuestra aún amada descomposición”. Cambiar o hablar de cuatro cosas que nos hagan ponernos de nuevo en el cartel no nos va a salvar del hundimiento de la gratuidad.No olvidemos que el sector editorial representa la sociedad del conocimiento frente a la sociedad de la información. Los datos en sí mismos constituyen información, pero sólo con la aplicación del talento y el criterio de un e-ditor adquirirán el nivel de conocimiento.
jueves, 28 de enero de 2010
¿Quién me recomendará un ebook?
Personalmente, creo que los libreros especializados que hayan sobrevivido hasta hoy están aportando algún valor a sus clientes y seguirán donde están. El argumento de que todos desaparecerán, al igual que las tiendas de discos, pasa por alto la diferencia entre música y libros. Mientras que la música se escucha igual en CD o en mp3, la lectura un ebook es una experiencia distintas a la lectura en papel, y cada soporte encontrará su canal.
Tampoco creo que los ebooks vayan a venderse en las librerías como se ha intentado, pero ¿perderán por esto los lectores de ebooks consejos para comprar su próximo libro?
Los lectores (de cualquier soporte) van a disponer de muchas más fuentes de información. Además de las recomendaciones en las propias librerías on-line (aquí Amazon, por tamaño, es un referente) existen un número creciente de redes sociales de lectura. Entre las más conocidas encontramos Librarything, que afirma tener 900.000 usuarios, Goodreads, que dice que contiene 78.000.000 libros, o Shelfari, el más utilizado por los bloggers. En Ediciona podeis encontrar una lista de redes en castellano.
Los lectores de ebooks tendrán algunas ventajas adicionales, como compartir anotaciones en los libros con otros usuarios. Mirad el video de presentación de la plataforma The Copia porque contiene ideas francamente interesantes.
El riesgo no van a ser que nadie nos aconseje. A lo que habrá que estar atentos es a la integración vertical de sistemas cerrados (tienda + red social + lector), que dejarán atrapados a los lectores en compartimentos estancos. El nuevo iPad de Apple se acaba de incorporar a esta carrera...
lunes, 25 de enero de 2010
Sobre editores y e-ditores (capítulo 1)
Desde hace tiempo tengo la extraña sensación de que el debate abierto sobre la edición electrónica aún no ha acabado de centrarse correctamente. Parece ser que los tan traídos y llevados cambios en la industria del libro hacen referencia a tres pilares: la tecnología, los contenidos y los modelos de negocio. Hasta ahora se ha hablado mucho sobre tecnología (e-readers y formatos de publicacion) y nuevos modelos de negocio (diversas plataformas de venta formadas por librerías y grupos editoriales), pero de los contenidos nadie o casi nadie ha hablado en serio. Bueno, mejor dicho, sí que se habla mucho de ellos pero sólo en lo referente al dichoso formato de los mismos: PDF o EPUB, entre otros. Pero, ¿quién hace posible que los contenidos sean legibles independientemente de su formato? A estas alturas de la película, a lo mejor todavía hay alguien que piensa que los e-books se harán solos. Claro –se dirán algunos avispados–, primero fueron las tablillas de arcilla, después los rollos de papiro, luego el papel y, ahora, la tinta electrónica. Están muy equivocados si piensan que se tratará de un simple cambio de formato y listo.
Así las cosas, en esta época tan cambiante, el grupo editorial que se lleve el gato al agua será aquel que además de tener editores capaces de producir contenidos editoriales en grandes cantidades, tengan sobre todo el conocimiento acumulado suficiente como para transformar los productos individuales en un exclusivo plato que los consumidores quieran saborear frente al resto de ofertas de la competencia.jueves, 21 de enero de 2010
De las firmas de autores en los libros electrónicos
La solución actual parece pasar por firmar con el rotulador la parte trasera, si es de color claro como en el Kindle. En el New York Times mencionaban algún ejemplo hace unos meses.
Otra cosa va a ser que los libreros te permitan ponerte en su cola con el libro electrónico en lugar de proponerte amablemente que vayas a buscar la firma, por ejemplo, a Amazon (1516 2nd Ave., Seattle, USA)... a no ser que hayas comprado al menos la fundita en la librería.





